Plácido (1961), de Luís García Berlanga.
Plácido (1961), de Luís García Berlanga.

Plácido de Berlanga: la mejor sátira del cine español en Navidad

No hay otra época del año con más películas temáticas que la Navidad. Grandes valores como la familia, la solidaridad o la paz inundan nuestras pantallas durante estas señaladas fechas. Pero, ¿Cuántas películas navideñas pueden presumir de haber sorteado la censura de una dictadura desde la sátira -entre risas y crítica social- y de exponer la hipocresía de una época? Es el caso de Plácido (1961) de Luis García Berlanga: una pequeña maravilla del séptimo arte con la que el genio valenciano aportó su particular visión de estas fechas a través de una ficción absolutamente genuina y distinta.

Plácido (Casto Sendra 'Cassen') intentando que el banquero le permita llevar el dinero que le falta para pagar la letra más tarde y así evitar que la lleven al notario.
Plácido (Casto Sendra ‘Cassen’) intentando que el banquero le permita llevar el dinero que le falta para pagar la letra de su motocarro más tarde y así evitar que la lleven al notario.

Plácido de Berlanga: una comedia de enredos

Plácido llegó a los cines españoles en 1961 y es una de las películas con más repercusión fuera de nuestras fronteras de cuantas firmó el cineasta. A la crítica internacional le impresionó la forma con la que García Berlanga criticaba, sin tapujos, a la falsa moral de la burguesía cristiana española y al propio régimen franquista. Para ello, el artista utilizó el género de la comedia y un metraje de tan solo 83 minutos. En ese tiempo cuenta la historia de Plácido, un hombre muy humilde que se ve envuelto de lleno en una serie de circunstancias a cada cual más disparatada.

El filme comienza con la puesta en marcha de la campaña Siente un pobre a su mesa. Un grupo de religiosas considera que las fiestas navideñas son el momento en el que cada buen cristiano debe demostrar su caridad invitando a una persona sin recursos a comer en los días festivos.

Quintanilla (José Luis López Vázquez), organizando el desfile de Siente un pobre en su mesa. En Plácido (1961), de Berlanga.
Quintanilla (José Luis López Vázquez), organizando el desfile de Siente un pobre a su mesa. En Plácido (1961), de Berlanga.

Quintanilla, interpretado por el magistral José Luis López Vázquez, se encarga de organizar toda esta jornada festiva en el municipio. Para ello, contrata a Plácido, encarnado por Cassen, quien apenas tiene recursos y solo cuenta con un motocarro que aún no ha terminado de pagar. El trabajo es sencillo, pero Plácido no sabe si va a poder cumplirlo: el mismo día le vence la primera letra del vehículo y no tiene cómo hacer frente a la misma.

Concebida casi como una comedia de enredos, el pobre Plácido no deja de ir de un lado a otro del pueblo en manos de los ricachones cristianos, que quieren sacar pecho por ayudar a un pobre en Navidad.

La unión con el guionista Rafael Azcona: la sátira social llega al cine español

Obviamente, un director como Luis García Berlanga, uno de los grandes del cine español y que venía de la producción -en una primera etapa de su trayectoria- de grandes películas como Bienvenido, Mister Marshall (1953) o Calabuch (1956), no iba a conformarse con rodar una comedia ‘blanca’ y ajena a la crítica social.

Carteles originales de Plácido (1961) y El verdugo (1963). Consideradas como dos de las mejores películas del dúo Berlanga (director) y Azcona (guionista), además de dos obras maestras del cine español.
Carteles originales de Plácido (1961) y El verdugo (1963). Consideradas como dos grandes obras maestras del cine español, fueron los dos primeros largometrajes de la unión profesional entre el director José Luis García Berlanga y el guionista Rafael Azcona. Fuente: Berlanga Film Museum.

En colaboración con Rafael Azcona como guionista, Berlanga dirige también El verdugo (1963), cinta que rodaría después y que está considerada también una de las grandes obras maestras del cine español. Azcona llega a un Berlanga algo anárquico trabajando para dar consistencia a Plácido, unión que perduraría durante muchos largometrajes más. La pareja no duda en hacer un retrato realista de la España pía de la época. A través de los personajes de la cinta, se muestran las mezquindades de los cristianos de misa de domingo, que no hacen más que limpiar su imagen de puertas para afuera. La hipocresía es, por tanto, la principal protagonista de una película coral en la que todos los personajes tienen prácticamente la misma importancia.

Berlanga y su pesimista visión de la Navidad

Placido (Cassen), y Quintanilla (José Luis López Vázquez) a la izquierda; al fondo el pobre antes de sentarse a cenar mientras se hace el programa de radio que cubre la campaña Siente a un pobre en su mesa. Plácido de José Luis García Berlanga. Análisis y resumen de Plácido de Berlanga. Cultugrafía, difusión y crítica cultural.
Quintanilla (José Luis López Vázquez) y Plácido (Casto Senda ‘Cassen’) a la izquierda; al fondo el pobre antes de sentarse a cenar en Nochebuena mientras se retransmite el programa de radio que cubre la campaña Siente un pobre a su mesa. Fotograma de Plácido (1961) de Luis García Berlanga.

A través de un espacio social concreto –el pueblo donde se celebra este curioso acto de misericordia por Nochebuena–, Berlanga deja que las distintas personalidades hablen y se muestren tal cual son. Y que el espectador sea quien, entre sonrisa y sonrisa, se dé cuenta de que todo es un gran circo en el que el pobre sigue siendo el único payaso con la obligación de entretener. El resto: hienas, gentes con látigos y un público dispuesto a reírse de todas sus miserias.

A partir de Plácido, la obra de Berlanga comienza una segunda etapa donde se torna cada vez más pesimista, pero sin perder nunca la ternura ni la amargura. Sus personajes son objeto de su afecto más que de su confianza o esperanza, pues permanece fiel al servicio de la naturaleza y la propia realidad humana. Su filmografía será un constante de frustración, de lo que debería ocurrir al final y nunca ocurre, sin el desenlace feliz en el que hay una evolución del protagonista que aprende, se desarrolla y logra sus metas. Plácido logra finalmente saldar la letra, pero aquello que por otro lado podría haber sido su triunfo, que era obtener la cesta de Navidad, se estropea y por ende todo permanece igual.

El despliegue de Plácido de Berlanga es abrumador. La película está repleta de planos secuencia y enormes cantidades de actores y extras. Es sin duda un claro ejemplo extraordinario trabajo de dirección y talento.
El despliegue de Plácido (1961) de Berlanga es abrumador. La película está repleta de planos secuencia y enormes cantidades de actores y extras. Es un claro ejemplo de talento y extraordinario trabajo de dirección.

Sin duda, esta es una visión de la Navidad que dista mucho de lo que ahora muestra el cine comercial, donde todo es color, alegría, musiquilla repetitiva y excesos. Un retrato alejado de la sociedad del espectáculo y falsa realidad a la que las superproducciones taquilleras de Hollywood nos tienen acostumbrados. Berlanga genera un retrato realista, natural, de planos largos y lleno de dinamismo gracias a los excelentes diálogos de Azcona; una verdadera obra de arte de nuestro cine que debería ser revisitada cada 24 de diciembre.

Berlanga, Buñuel y Almodóvar: tres visiones satíricas del cine social español

Además de ser coetáneo, Berlanga tomó el relevo de un internacional e importantísimo de nuestro cine como Luis Buñuel, con el que compartía el mismo espíritu de crítica y sátira social. Es lo que ocurría por ejemplo con El ángel exterminador (1962), cuya obra aportaba también la visión surrealista del director formado en plenas vanguardias.

Cartel de El ángel exterminador (), de Luis Buñuel. Relacionada con Plácido de Luis García Berlanga. Cine en cultugrafía, difusión y crítica cultural.
Cartel de El ángel exterminador (1962), de Luis Buñuel.

En El Ángel Exterminador, Buñuel ofrece una sutil alegoría durante una distinguida cena en la que unos comensales de la alta sociedad mexicana permanecen misteriosamente confinados en el salón sin poder escapar. La cinta se transforma en una observación perspicaz de las estructuras sociales y del deterioro de la moralidad, evidenciando cómo la alta sociedad se desintegra y corrompe cuando el individuo se siente por encima de las normas. En Plácido, Berlanga emplea la comedia para denunciar la falsa moral de la burguesía y el franquismo. Resalta la hipocresía de la sociedad, recurriendo a situaciones cómicas para mostrar las contradicciones de una caridad superficial. Ambas películas, pese a pertenecer a géneros distintos, se vinculan en su crítica, desvelando las complejidades y contradicciones de sus respectivas sociedades con un enfoque satírico inolvidable.

Berlanga dejó a su vez el testigo para otros conocidos internacionales como Pedro Almodóvar, el cual ha destacado siempre por ser un director rompedor que ha abordado el cine social de manera única. En ¿Qué he hecho yo para merecer esto! (1984), Almodóvar comparte con Berlanga la misma mirada irónica y provocadora de la comunidad española. Ambos realizadores profundizan en el entramado social de España, aunque con estilos dispares.

Cartel de ¿Qué he hecho yo para merecer esto!, de Pedro Almodóvar (1984). Comparando el cine de Berlanga con el de Almodóvar, en Cultugrafía, crítica y difusión cultural y de las humanidades.
Cartel de ¿Qué he hecho yo para merecer esto!, de Pedro Almodóvar (1984).

Mientras que Berlanga trató la hipocresía y las contradicciones sociales mediante la comedia y la sátira en Plácido, Almodóvar asume un enfoque más osado y transgresor. Revela la vida de una ama de casa, encarnada por Carmen Maura, que vive en los suburbios de Madrid con su marido machista, un hijo traficante, otro chapero y su loca suegra en un ambiente caótico y exigente. La obra de Almodóvar se distingue por su visión valiente y cromática de la sociedad, indagando en temas como la familia, la opresión y las expectativas culturales. Pese a las diferencias de estilo, ambas películas coinciden en abordar cuestiones sociales a través de la sátira y la crítica, brindando miradas singulares al escenario cinematográfico español.

El neorrealismo español de Berlanga y su poco reconocimiento internacional

Es Luis García Berlanga, sin duda, uno de los grandes maestros del cine español, pero, ¿obtuvo el reconocimiento internacional que merecía? Puede que el director pagara el precio de hacer cine en un país cuya posición era poco destacada dentro del séptimo arte. Un director que si hubiera sido italiano sería considerado como uno de los grandes maestros a la altura de De Sica, Ferreri o Rossellini. Pero el cine de Berlanga no trascendió demasiado a las afueras de España; puede que por ser un cine específicamente para público español, puede que por otros motivos culturales, geográficos o políticos, pero a pesar de todo, en los festivales internacionales, al menos obtuvo reconocimientos.

Cartel de Milagro en Milán (1951) de Vittorio De Sica. Comparativa de Plácido de Berlanga con Milagro en Milán de Vittorio De Sica.
Cartel de Milagro en Milán (1951) de Vittorio De Sica.

Podemos hacer una breve comparativa, tal y como hacíamos con Buñuel y Almodóvar, con otra obra maestra: Milagro en Milán (1951) de Vittorio De Sica, otro maestro que nos muestra la mejor manera de contar tragedias a través de la comedia, porque aunque sean películas que difieren en muchos aspectos, también comparten el mismo espíritu. Ambas películas comparten el propósito de realizar una crítica social, aunque con distintos enfoques y temáticas. Mientras que Milagro en Milán de De Sica, que también tiene un componente fantástico propio del realismo mágico, denuncia la injusticia social y la desigualdad económica que sufren las personas marginadas, Plácido de Berlanga pone al descubierto la hipocresía y la superficialidad de algunos actos de caridad, mostrando las contradicciones de la sociedad española en plena dictadura franquista.

Los personajes principales de ambas películas pertenecen a contextos humildes y se enfrentan a situaciones adversas. En Milagro en Milán, los protagonistas son personas desplazadas económicamente que luchan por su dignidad en un entorno hostil y deshumanizado. En Plácido, el personaje principal es un hombre humilde que es contratado para participar en una campaña de caridad, lo que evidencia la exploración de la condición social en el cine español de la época tal como ocurría con el neorrealismo italiano.

Fotogramas de Milagro en Milán (1951), de Vittorio De Sica.
Fotogramas de Milagro en Milán (1951), de Vittorio De Sica. Fuente: Cinema Esencial.

A pesar de sus diferencias, estas similitudes ponen de manifiesto la capacidad del cine italiano y español para abordar temas sociales de manera crítica y creativa, así como su repercusión a nivel internacional. Cada una de estas películas, a su modo, ha dejado una impronta significativa en la historia del cine internacional.

La película que burló la censura con un título inocente

Uno de los mayores talentos de Berlanga fue el de señalar el traje nuevo del emperador sin siquiera alzar la voz. A través de tramas amables y con el disfraz de la comedia, el artista va dejando que el mensaje cale tan solo en quien quiera escucharlo. Gracias a ello, la cinta no tuvo muchos problemas con la censura, que en la España de la década de los 60 era muy rigurosa con todo aquello que salía en la gran pantalla.

Según han demostrado los especialistas, el talento de Rafael Azcona es aquí lo que brilla verdaderamente. El guionista, diestro escritor de diálogos, logra en su primer largometraje junto con Luis García Berlanga enmascarar toda la crítica a través de las intervenciones de los personajes. Para los poco avispados censores del Régimen, Plácido era simplemente un sainete costumbrista, una aventurilla llena de gracietas para entretener al pueblo. La realidad, sin embargo, era bien distinta.

Fotograma de los créditos iniciales de Plácido (1961), de Luís García Berlanga. Análisis cinematográfico. Cultugrafía, crítica de cine.
Fotograma de los créditos iniciales de Plácido (1961), de Luis García Berlanga.

El único problema que tuvo Plácido de Berlanga fue el título. El que finalmente tuvo, con el nombre del protagonista, no era el que inicialmente había proyectado el director. Para el valenciano, la cinta debería haberse llamado Siente un pobre a su mesa. La referencia a la campaña que realmente llevó a cabo un grupo cristiano en la década de los cincuenta con el apoyo de Franco no gustó y, finalmente, Berlanga tuvo que optar por ese otro título.

Plácido, la joya navideña de Berlanga que abrió el camino a los Oscar

Aunque la figura de Luis García Berlanga no está todo lo justamente tratada que se merecería fuera de nuestras fronteras, algunos de sus trabajos sí han logrado trascender internacionalmente. Plácido es un ejemplo de ello: esta pieza del cine de Navidad fue la primera obra del séptimo arte española en estar nominada al Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

Por supuesto, esta nominación no fue el único reconocimiento al trabajo: Plácido consiguió hacerse con los premios a mejor película, mejor director y mejor actor secundario (José Luis López Vázquez) en la 17.ª edición de las Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos. En estas mismas tres categorías se impuso Plácido de Berlanga en los Premios San Jorge.

Plácido (1961), de Luís García Berlanga.
Plácido (1961), de Luís García Berlanga.

Pero los premios no son el motivo por el que esta película sigue hoy, sesenta años después, vigente. El dúo Berlanga-Azcona desnudó, con unas cuantas gracietas, la sociedad española más casposa para hacer una feroz crítica. El talento de Berlanga para hacer una película de autor con temática navideña es único e irrepetible. Todo amante del cine debería recuperar cada año la historia de este pobre Plácido por estas fechas. 

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