Destacada. Hiperrealidad. Espectáculo y Simulacro VR ilustración de Pawel Kuczynski. King Kong
VR ilustración de Pawel Kuczynski.

Falso Dios, falsa ideología, falsa cultura. La hiperrealidad de Baudrillard.

Espectáculo y simulacro, 2ª parte

Hiperrealidad. Espectáculo y Simulacro VR ilustración de Pawel Kuczynski. King Kong Cine Empire State. Debord y Baudrillard
VR. Obra de Pawel Kuczynski. Instagram: @pawel_kuczynski1.

El simulacro nos invade y toda nuestra realidad (productos de consumo, cultura, ideología, el amor y hasta Dios), queda banalizada por el espectáculo y reconvertida en negocio. Surge la hiperrealidad que Jean Baudrillard, añadiendo valor a la Sociedad del espectáculo de Guy Debord, desarrolló en su obra Cultura y Simulacro (1978).

“La era de la simulación se abre, pues, con la liquidación de todos los referentes […] No se trata ya de imitación ni de reiteración, incluso ni de parodia, sino de una suplantación de lo real por los signos de lo real […] Hiperreal en adelante al abrigo de lo imaginario, y de toda distinción entre lo real y lo imaginario, no dando lugar más que a la recurrencia orbital de modelos y a la generación simulada de diferencias”.

(Baudrillard, 1978: 11-12).

Índice de contenidos:

Mis vacaciones. «Yo estuve allí»

Vacaciones y Turismo. Fotografia Turistas asiáticos. Exposición de turista a viajero de Sergio Town. Blanco y negro. Turismo e hiperrealidad.
Turista (2018). Obra de Sergio Town. Instalación: De turista a viajero. Instagram: sergio_town

No deseamos productos, sino las representaciones de esos productos. Hasta nuestras vacaciones en Roma, París o Nueva York viene motivada por la fotografía que nos sitúa posando delante del Coliseo, el Louvre o Times Square. Baudrillard exponía a Disneylandia como el máximo exponente del simulacro, donde se da y entremezcla en todos sus órdenes.

“La perfecta escenificación de los propios placeres y contrariedades […] La única fantasmagoría en este mundo imaginario proviene de la ternura y calor que las masas emanan y del excesivo número de gadgets aptos para mantener el efecto multitudinario. El contraste con la soledad absoluta del parking -auténtico campo de concentración-, es total”.

(Baudrillard, 1978: 29).

Hiperrealidad e iconos, destructores de lo real

La misma falsedad de la hiperrealidad deviene de las representaciones divinas, las cuales, mueren en el mismo momento en que se convierten en iconos. Recordemos la campaña propagandística durante la contrarreforma de la Iglesia Católica o el Art Pompier de Bouguereau o Cabanel. Obras exquisitas en la técnica, propias del academicismo más exuberante pero que mostraban representaciones idealizadas y vacías de contenido.

Baudrillard anotaba que los iconoclastas, temerosos de banalizar a Dios, querían deshacerse de sus representaciones:

“si hubieran podido creer que éstas no hacían otra cosa que ocultar o enmascarar la idea platónica de Dios, no hubiera existido motivo para destruirlas”.

(Baudrillard, 1978: 16).

“Así pues, lo que ha estado en juego desde siempre ha sido el poder mortífero de las imágenes, asesinas de lo real”.

(Baudrillard, 1978: 17).
Iconos, Art Pompier, Academicismo. Obras: Joven defendiéndose de Eros de Bouguereau y Le titan de Cabanel
Joven defendiéndose de Eros (1880) de Bouguereau y Le titan (1884) de Cabanel.

Walt Disney ha sido descongelado

No flipéis, que no, que ni ha sido descongelado ni se congeló nunca. Solo jugaba un poco con vosotros a cuento de la fascinación, lo facilones que somos y todo eso. Pero cabe mencionar que el mismo Baudrillard no estaba exento de la hiperrealidad de su propio contexto. Más concretamente de la verdad aparente que emanaba de los medios de comunicación y que contaminó la ilusión de inmortalidad de la conciencia colectiva.

El miedo a preocupar a los mercados sobre el cáncer terminal de Walt Disney, sumado a la intimidad exigida por la familia en su funeral y al auge por aquel entonces de algunas empresas criogenizadoras hicieron el resto. ¿Pensaba realmente el filósofo francés que Walt Disney estaba congelado? Lo parece cuando utiliza esta metáfora refiriéndose al parque temático y a su creador:

“Este mundo infantil congelado resulta haber sido concebido y realizado por un hombre hoy congelado también: Walt Disney, quien espera su resurrección arropado por 180 grados centígrados”.

(Baudrillard, 1978: 29-30).

Cabe esperar que lo hiciera ironizando sobre la hiperrealidad a la que él mismo andaba sometido.

Hiperrealidad. ¿Somos realmente libres?

El secreto del éxito de la hiperrealidad devenida del simulacro y el ser alienado es el del ser dedicado a la contemplación y la obtención de estatus.

“La alienación del espectador […] se expresa de este modo: cuanto más contempla, menos vive; cuanto más acepta reconocerse en las imágenes dominantes de la necesidad, menos comprende su propia existencia y su propio deseo”.

(Debord, 1967: 49).
Libertad. Simulacro e hiperrealidad. Alienación. Anchor. Obra de Pawel Kuczynski. Simulacro Baudrillard
Anchor. Obra de Pawel Kuczynski. Instagram: @pawel_kuczynski1

El sistema consigue mantenernos aletargados en la contemplación y la apariencia sin límites con el propósito de que la sociedad capitalista siga creciendo y expandiéndose y que la mercancía se reproduzca y fluya generando riqueza para unos pocos y originando “derechos” y obligaciones para el resto. Además, como parte de la misma estrategia, es necesario que el individuo sea capaz de elegir libremente sus estudios, oficio, la ropa que va a llevar, la comida que va a comer o el partido político al que va a votar.

“El consumidor vive sus conductas distintivas como libertad, como aspiración, como elección y no como imposiciones de diferenciación ni como obediencia a un código […] no vive la presión estructural que hace que las posiciones se intercambien y el orden de las diferencias se perpetúe. […] lo determinante es precisamente esta imposición de relatividad […] puede dar cuenta del carácter fundamental del consumo, de su carácter ilimitado”.

(Baudrillard, 1970, p. 56).

Conclusión: la libertad nunca ha existido

No olvidemos que todo forma parte de la misma estructura y que todos trabajamos para ella. La libertad nunca ha existido, aunque podríamos rozarla, y sin olvidar la naturaleza social y el miedo a la soledad del ser humano, podríamos hacerlo dando con la estructura en la cual existiésemos mejor y pudiéramos ser más independientes.

Ya no nos definimos por lo que somos o lo que hacemos, sino por lo que tenemos y aparentamos ser. Por llevar ropa de marca o conducir un coche de alta gama. Es el fetichismo de la mercancía como prolongación del espectáculo y la hiperrealidad. Nosotros mismos somos la simulación de lo que deseamos aparentar. Esto, al final, se convierte en lo único visible.

Hiperrealidad, Espectáculo y simulacro. Fetichismo de la mercancía. Ilustración Overwork del Artista Daniel García.
Overwork (2017). Ilustración del artista Daniel García. Instagram: @daniel_garcia_art

¿Quién sabe? Puede que no haya mejor alternativa que a la que nos ceñimos en nuestra historia presente: clase media, confort, bien estar, internet, pantalla de 65 pulgadas, gambas, chuletones, café, copa y puro. Si es que… somos tan sencillos. Y nos conformamos con tan poco… Solo necesitamos lo justo para vivir, pero eh, para, porque un caprichito de vez en cuando sí, ¿no? Un homenaje de esos buenos joder, que para eso nos tiramos todo el día trabajando y nos lo hemos ganao.

  • Puedes continuar leyendo la 3ª parte: La hipervisibilidad de la sociedad autorreferenciada y transmediática.

Artículos de la serie ESPECTÁCULO Y SIMULACRO:

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Bibliografía

BAUDRILLARD, J. (2016). Cultura y Simulacro. Barcelona: Kairós.
Primera edición (1978).

DEBORD, G. (2015). La sociedad del espectáculo. Valencia: Pre-textos. Primera edición (1967).