Toro Salvaje y su presentación introducen de una forma mágica al espectador a la historia de un hombre en eterna lucha consigo mismo.
Toro Salvaje y su presentación introducen de una forma mágica al espectador a la historia de un hombre en eterna lucha consigo mismo.

El cine como salvación. Toro salvaje de Martin Scorsese

Sobre la dedicación, sobre el esfuerzo, sobre el sacrificio. Sobre la amistad, sobre el amor, sobre la entrega. Sobre lo puta que es la vida. ¿Y al final qué nos queda? El retrato de un combate que salimos a luchar cada día, pero que no siempre ganamos. Toro Salvaje 1980 de Martin Scorsese.

“Yo puse en Toro Salvaje todo lo que sabía, todo lo que sentía, y pensé que eso sería el final de mi carrera. Es lo que se llama un film kamikaze: se pone todo dentro, se olvida todo y después se intenta encontrar una manera de vivir”. Martin Scorsese.

Antecedentes. Realismo italiano

Desde Roma, ciudad abierta de Rossellini -1945- a El ladrón de bicicletas de Di Sica-1948-, y otros títulos posteriores como Las noches de Cabiria de Fellini -1957- o Rocco y sus hermanos -1960- de Visconti, una nueva forma de hacer cine, más sensible y honesto, aparece en el país italiano. En una Europa desolada por las consecuencias de la guerra, y entre la necesidad y la desesperanza de la población, aparecen películas que buscan conmover al espectador, con historias cargadas de reflexiones morales y políticas, pero buscando en todo momento la belleza y la poesía en cada plano. También con la presencia de músicas operísticas, como las de Nino Rota, que le da a sus historias una mezcla de comedia y melodrama.

Honestidad. Quizás sea esta palabra la que mejor defina a este movimiento cultural y artístico. Ante lo hermoso y lo terrible, mirando sin miedo a eso tan difícil llamado vivir. Décadas después, como los inmigrantes que buscaban en América una vida mejor, estas nuevas formas alcanzaron a los nuevos jóvenes cineastas, como Francis Ford Coppola, Sergio Leone o el propio Martin Scorsese. Ese sueño del emigrante, con hambre y fuerza, representada en enormes películas, que reflejan esa lucha por la vida, y se convertirán con el paso del tiempo en ejemplos de entrega y sacrifico.

Rocco, su trágica historia con su amante y su compleja relación familiar abre las puertas a un cine dramático y operístico.
Rocco, su trágica historia con su amante y su compleja relación familiar abre las puertas a un cine dramático y operístico.

Orígenes de Toro salvaje. Un film kamikaze

En 1979, Scorsese se encuentra sumido en una profunda depresión. El fracaso de su última película New York, New York, dos años antes, su nueva crisis de fe, la reciente separación con su esposa y su adicción a la cocaína, que, junto a sus problemas de asma, le llevan al límite y ponen en riesgo su vida, lo hunden y lo arrastran a entrar en un programa de rehabilitación. Durante esos días, recibe la visita de su amigo y actor fetiche Robert De Niro, que le intenta convencer una y otra vez para trabajar en el libro basado en la historia del boxeador Jack Lamotta (fuente). El hecho de que Scorsese llegará a pensar que, debido a su delicado estado de salud, ésta podría ser su última película, fue de vital importancia para lo que ocurrió posteriormente.

Entonces, y buscando esa salvación a su vida, Scorsese por fin llama a su guionista de confianza, Paul Schrader, para llevar a cabo una obra única. Con el director entregado en cuerpo y alma y un De Niro inconmensurable, uno detrás de la cámara y otro delante, haciendo todo lo mejor que saben, en uno de los binomios más fructíferos de la historia del cine, que todavía continúa. Con un total de nueve películas, con el Nueva York desde Malas calles -1973- a Taxi Driver -1976- o Uno de los nuestros -1990-, aquella posible última película de Scorsese afortunadamente nunca lo fue, pero ese sentimiento queda aún así, en todo un testamento ético y estético, como un legado que nunca será olvidado.

Jack Lamotta: Fortuna y desgracia

Como el otro boxeador atrapado en el mundo lumpen, papel de Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo -1951-, a ese viejo soldado que no sabe ocultar su desprecio, que representa John Wayne en Centauros del desierto -1956- o  la historia de un perdedor que sueña con ganar un día, de Paul Newman en El Buscavidas -1959- y cuya segunda parte y homenaje dirigirá el propio Scorsese en El color del dinero en 1986 , Robert De Niro recoge el legado del cine de luchadores con vistas a un posible triunfo.

La adaptación de Un tranvía llamado deseo de Tenesse Williams se convierte en un referente visual e interpretativo.
La adaptación de Un tranvía llamado deseo de Tenesse Williams se convierte en un referente visual e interpretativo.

Emil Cioran opinaba que lo más importante es aprender a ser un perdedor, y eso parece que debe hacer durante la película tanto el protagonista como el espectador. Así vemos entre escenas inolvidables, grandes diálogos y planos desde distintos ángulos, el ascenso a la cima y al título mundial de Jack Lamotta. Sus históricos combates con Ray Sugar Robinson –Hey Ray, you never got me down-, con ese travelling glorioso cuando sale a combatir el título mundial, acompañado por su hermano, y su posterior descenso a los infiernos. Se suceden escenas de su vida nocturna, sus discusiones con su mujer y su hermano, que hace las veces de apoderado, interpretado de forma impecable con su habitual pareja actoral Joe Pesci. También ocurre eso de que la mafia lo presione para que se deje ganar un combate, lo que le hace llorar desconsoladamente, al haber defraudado la propia esencia de un deporte que ama y se lo ha dado todo.

Y es que el camino al éxito está lleno también de miserias. Vemos alegría, lucha y entrega. Y también momentos de rabia, angustia y tristeza. Y combates donde aparece la sangre, como algo cristiano y evangélico, como símbolo de lo que fue derramado por todos nosotros para el perdón de nuestros pecados.

Toro salvaje, una declaración de intenciones

Dijo Hemingway en El viejo y el mar que el ser humano puede ser destruido, pero no derrotado. Y eso mismo parece decirnos esta gloriosa introducción de Toro Salvaje. Vemos en el inicio de esta película toda una declaración de intenciones artística y humana. El boxeador solo en el ring, recordando cada golpe y cada movimiento. Y así será recordado, entre penumbra y con el Intermezzo de Cavalleria Rusticana de Mascagni como música inolvidable y fiel testigo de la lucha de un hombre. Y eso es exactamente lo que nos espera, el destino de alguien que lo consigue todo y nada al mismo tiempo, un viaje a lo más profundo del alma humana, llena de aristas, entre lucha, amor y desengaño. Una metáfora de la soledad de un hombre ante los elementos, que se enfrentará durante la película a su rival más difícil, que sin duda es él mismo. Porque polvo somos y en polvo nos convertiremos.

Toro Salvaje y su presentación introducen de una forma mágica al espectador a la historia de un hombre en eterna lucha consigo mismo.
Toro Salvaje y su presentación introducen de una forma mágica al espectador a la historia de un hombre en eterna lucha consigo mismo.

Planos y secuencias. Más dura será la caída

Tanto la mujer del boxeador, elegante, dulce y atenta, y que soporta una y otra vez las idas y venidas de un protagonista con una fuerza descomunal, que muchas veces se descontrola, como su hermano, son los dos contrapesos que intentan apaciguar y controlar a Toro Salvaje. Se convierte en un triángulo tormentoso debido a los celos de Lamotta con su hermano. Saltan a contraluz escenas de fuertes discusiones y otras de compresión y ternura inigualables. Pero el boxeador es incapaz de contener esa fuerza que lo lleva a la cima en el boxeo, y que al mismo tiempo será la que destruirá todo lo que le rodea. Porque lo vemos plano a plano, saltan chispas unas veces y otras el protagonista busca respiración limpia, como si en todo momento de un combate se tratará. La cámara habla, y el director y el actor protagonista se dejan la piel en cada plano, con un gusto por el detalle impresionante, desde ese juego de personajes, a otras llenas de silencio, donde el protagonista parece reflexionar y buscarse a sí mismo, lejos de los flashes, el ruido, el sudor, las miradas atentas y los golpes del cuadrilátero.

Monólogo final de Toro Salvaje. El triste adiós

Y llega el final. El triste, el previsto, el amargo final. Porque el protagonista ha sido capaz de encajar los golpes en el ring, pero le han noqueado los de la vida. Acaba la cinta con la imagen de un hombre que lo ha perdido todo, pero que al mismo tiempo parece que se ha encontrado a sí mismo. Abandonado por su conducta autodestructiva, por su mujer y su hermano, Jack Lamotta se ha convertido en un comediante en bares de mala muerte, como comediante decadente entre luces tristes y chistes malos. Y vemos en la escena final al boxeador retirado que ante el espejo dice sus últimas palabras. Entonces ocurre un pequeño milagro cinematográfico. De Niro repite las frases de Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo.

Yo pude haber sido un contrincante. Yo pude haber sido alguien.

Cine sobre cine, para un boxeador retirado que lanza sus últimos puñetazos antes de volver por última vez al escenario y bajo las últimas luces, en el que se ha convertido en una parodia de sí mismo. Y de esta forma, desde lo trágico, lo triunfante y lo cómico, De Niro consigue una interpretación perfecta, quizás la más completa de su carrera. Demostración artística considerada como una de las mejores de la historia del cine, gracias precisamente a su cantidad de ángulos y de registros. Una película deseada por el actor y necesitada por el director, un sueño hecho cine.

Último discurso del protagonista, solo y abandonado, frente a un espejo, que parece por fin encontrarse a sí mismo.
Último discurso del protagonista, solo y abandonado, frente a un espejo, que parece por fin encontrarse a sí mismo.

Una película influyente. La lucha continúa

No cabe duda de que la historia del séptimo arte es una historia de continuidad, como en cualquier otra expresión del ser humano. Una película nos lleva a otras, y en la gran pantalla vemos a la persona. Que vive, que sueña, que lucha hasta el final. Desde el punto de vista de cualquier género, como en otra desoladora historia de boxeo Million Dollar Baby -2004- de Clint Eastwood. Esperanza que dicen nunca hay que perder. Y puede que Borges tenga razón y haya derrotas con más dignidad que la victoria. Porque nosotros también necesitamos mirarnos al espejo y descubrir al éxito y fracaso de nuestras vidas, esos dos impostores que decía Kipling en su poema If, y que también se nos escapan a todos nosotros, como el humo de entre los dedos. Y de esta forma Toro salvaje vivirá siempre en nuestro recuerdo, con sus golpes y con sus caricias. Y otra demostración más del cine como salvación. La del autor, la de sus personajes y la nuestra propia.

Million Dollar Baby de Eastwood continúa con el género de boxeo, y lo glorifica aún más con una nueva historia de superación, culminada con otro final demoledor.
Million Dollar Baby (2004), de Clint Eastwood, continúa con el género de boxeo, y lo glorifica aún más con una nueva historia de superación, culminada con otro final demoledor.

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