No se escribe para entender algo, sino precisamente porque algo no se entiende (o no se sabe, que diría Henry James), se escribe. Algo así como si la escritura se pusiera en marcha para una gran operación de desciframiento. A propósito de Vivir con ataxia: el alma cincelada (Amazon Kindle Direct Publishing, 2025), Conrado Navalón Vila utiliza una escritura que busca la identificación casi exclusivamente a través de los resortes de la sensibilidad y que con tan estricta limitación es capaz de atraer la atención del lector.

Esta obra no es una purga de su corazón, ni tampoco una triste balada, y menos todavía un largo monólogo de náufrago desorientado. No hay lamento por la enfermedad diagnosticada. Es un canto a la aceptación:
“Inspirado por las esculturas non finito de Miguel Ángel -obras maestras deliberadamente inacabadas-, descubro una poderosa metáfora para la vida: la belleza no reside en la perfección, sino en la serena aceptación de nuestra propia e inacabada humanidad”.
- El testimonio de Conrado Navalón, un alma cincelada por la adversidad.
- Entre el análisis y la emoción: Vivir con ataxia es una obra que dialoga con la vida.
- Claridad, belleza y resistencia en cada palabra.
- Vivir con ataxia: el libro de cabecera para afrontar las dificultades y renacer fortalecido.
El testimonio de Conrado Navalón, un alma cincelada por la adversidad
Lees Vivir con ataxia: el alma cincelada, del psicólogo y profesor jubilado de la Universidad de Murcia, una persona que conoces y admiras y te preguntas por qué leerlo, e intentas entender por qué ha escrito este libro, por qué ha lanzado su mensaje embutido en una botella de náufrago y para qué. Y lo lees. Y quieres entender. Y te enorgulleces. Cuando se escribe un libro como éste, cabe considerar que su autor ha querido abrirse en canal, sin esperar nada a cambio, y con todo uno admira el esfuerzo, más bien por el autor, pero también le corresponde, ese esfuerzo, al lector, que quiere saber por qué y, a veces, se identifica con el texto y otras veces siente su mismo respirar.
“Este libro es un mapa de supervivencia emocional forjado en la adversidad. Lejos de ser un manual técnico, es el testimonio de un alma que, en lugar de romperse, se ha ido cincelando, encontrando un propósito renovado en cada límite”.
Las palabras con las que la edición independiente describe la publicación en la contraportada son al respecto profundamente reveladoras: “¿Qué ocurre cuando la vida, como un escultor imprevisto, golpea con su cincel y altera el rumbo de nuestra existencia?. El autor se enfrenta a esta pregunta cuando el diagnóstico de ataxia irrumpe en su día a día. Lejos de ser un relato sobre la enfermedad, este libro es un valiente diálogo con la adversidad. Una reflexión profunda sobre cómo aceptar la belleza de la obra inacabada -el non finito que todos somos- y encontrar un nuevo propósito en medio de la incertidumbre”. Esto nos hace pensar en aquella reflexión que Walter Benjamin (1892-1940) dedicó en su día al escritor Robert Musil (1880-1942) acerca de la excesiva inteligencia del autor de ‘El hombre sin atributos’ para acomodarse al mundo. Algo pasa en la conciencia de Conrado que ha logrado averiguar que no le faltan atributos para ser feliz pese a las adversidades.
Entre el análisis y la emoción: Vivir con ataxia es una obra que dialoga con la vida
Navalón atesora dos cualidades que le han servido para convertirse en un autor ensalzado por la crítica y, al mismo tiempo, adorado por los lectores. En su escritura confluyen, pues, la cabeza analítica de un psicólogo y la pluma ágil y amena de un narrador. Si estas características, casi infalibles para ganarse el favor del público, no resultaran suficientes, suma que es una persona agradable, apacible y cordial en el trato, y esa manera de ser está muy presente en su obra. Este conjunto de reflexiones existenciales, de la esperanza que queda después de haber consumido todas y cada una de las palabras inimaginables en un monólogo perfecto que aspira a la catarsis, es un bálsamo literario y un derroche de talento. Las noventa y una páginas del libro crean una insólita sensación de inmediatez, a la vez que le proporcionan al texto una intensidad emocional que sólo los escritores más grandes son capaces de regalarle al lector.
El narrador trata de ordenar su vida, a partir del diagnóstico de una enfermedad neurológica que dificulta la coordinación de los movimientos, mediante su discurso monológico y meticuloso, que avanza por la página, concibiendo capítulos de un lirismo extraordinario:
“Tu mano ha cambiado. Ya no golpeas con la furia de la sorpresa, sino con la cadencia de quien aprende mi lenguaje. A veces, usas un cincel de luz -la risa- y el golpe duele menos, deja una marca más suave. Otras, simplemente posas la mano sobre mí y sientes mi temperatura, mis límites. Has dejado de luchar contra mi dureza para empezar a dialogar con mi forma. Y en ese diálogo, la forma avanza”.
La voz de Conrado está hecha de palabras, esa es su sustancia. Y es directa, fresca, regada de momentos sublimes. Todo lo contrario de esa soledad terrible que expresan los monólogos, por ejemplo, de Premio Nobel de Literatura Samuel Beckett (1906-1989), esa sombra de aniquilación que los hace fuertes como voces pero infinitamente desvalidos como seres humanos.
Claridad, belleza y resistencia en cada palabra
La sencillez del lenguaje cuadra a un texto que pretende ser una explicación para cualquier persona que “desee encontrar en él un eco de tu propia fortaleza”. Ello no impide algunas metáforas o imágenes embellecedoras. Hay que valorar el esfuerzo narrativo realizado. No es, por supuesto, un libro sombrío: su responsable no hubiera podido escribirlo sin dejar de ser él. Es, eso sí, un libro lúcido, que entiende el poder de la aceptación como oportunidad y, por tanto, como algo distinto a la mera negación de la adversidad. Porque la adversidad -que nos acompaña, que nos constituye, que se mezcla con la felicidad amasando nuestro ser- es un proceso. No un suceso que nos acontezca o una fatalidad que nos castigue.
“Y así seguimos, escultor. La obra nunca acabará. Yo nunca seré la figura perfecta y pulida que un día soñaste, y tú nunca dejarás de ser quien sostiene el cincel. Pero ya no hay guerra entre nosotros. Tu lucha es mi forma. Mi resistencia es tu fuerza. Mi silencio es tu reflexión. Soy tu ‘non finito’ eterno”.
Vivir con ataxia: el libro de cabecera para afrontar las dificultades y renacer fortalecido
La persona y su realidad en el mundo, su vida que concluirá necesariamente en la muerte -ese gran enigma y todos los demás, desde el amor y la alegría al sufrimiento, desde el conocimiento a la perplejidad y la renovada incertidumbre- será lo que surja a través de las reflexiones. Vivir con ataxia: el alma cincelada “Es una lectura muy útil para pacientes de ataxia y familiares que buscan un faro de esperanza y herramientas prácticas de afrontamiento; también está dirigido a profesionales de la salud y la psicología que deseen una perspectiva humana sobre el duelo y la resiliencia y, por último, cualquier persona que se enfrente a una batalla personal y necesite encontrar fuerza en la vulnerabilidad”.
Solo hay una cosa capaz de mejorar el buen sabor de boca que deja la lectura del libro: coincidir con el autor por la calle y comentar el poso que ha dejado en el lector. La propia vida de Conrado está presente y por eso este libro es, acaso, el más personal e íntimo de todo lo que ha escrito en su larga trayectoria.

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Periodista y locutor de radio. Atado a ese periodismo que lleva a buscar un espacio de mayor libertad en la escritura y de mayor personalización en la mirada sobre el mundo.


