Ingmar Bergman (1918-2007), autor de Persona (1966), posee una de las más excelsas filmografías, con títulos que además de ser absolutas obras maestras, figuran entre las mejores películas de la historia del cine, como El Séptimo Sello (1956), Fresas salvajes (1957), El manantial de la doncella (1959), Gritos y susurros (1972), Secretos de un matrimonio (1974) o Fanny y Alexander (1982). A través de temas como la muerte, la fe, la humillación, el sufrimiento, la culpa o la redención, el gran cineasta sueco es quien mejor ha indagado en lo más íntimo y profundo de la mente y el alma humanas, logrando, con absoluta impudicia, diseccionarlas, con la precisión de un entomólogo.

Así, su obra es conocida por mostrar un existencialismo exacerbado, a través de primeros planos sobre el rostro de los personajes, de gran intensidad dramática. Son personajes sufridores de una angustia vital llevada más allá de los límites imaginables o soportables, incluso, en ocasiones, rayando un paroxismo, que, finalmente, desemboca en catarsis liberadora. La obra que va a ser objeto de análisis Persona (1966), por su vocación experimental y lo que parece una voluntad de tesis de su autor sobre sus habituales temas, puede ser considerada su obra más radical; presenta, además, una gran complejidad por sus profundas implicaciones psicológicas y filosóficas, que tratarán de ser desgranadas a lo largo del presente artículo.

De cualquier forma, previamente a afrontar -como autor o lector- cualquier análisis de Persona del director Ingmar Bergman, es aconsejable tener en cuenta la opinión del historiador de cine Peter Cowie, quien afirmó que “todo lo que uno dice sobre Persona puede ser contradicho; lo contrario también será cierto”.
- El título: El individuo y sus máscaras.
- El prólogo de Persona de Ingmar Bergman: Intención, estilo, subtexto y subconsciente.
- La compleja y ambigua relación entre Alma y Elisabet: Del enigma al misterio.
- Feminismo y erotismo en la película Persona, de Ingmar Bergman.
- Una posible lectura «Nietzscheana» del film Persona.
- Breve referencia a la influencia de Ingmar Bergman y Persona en el cine.
El título: El individuo y sus máscaras
Elisabet (Liv Ullmann), una célebre actriz de teatro, es hospitalizada tras perder la voz durante una representación de Electra. Después de ser sometida a una serie de pruebas, el diagnóstico es bueno. Sin embargo, como sigue sin hablar, debe permanecer en la clínica. Alma (Bibi Andersson), la enfermera encargada de cuidarla, intenta romper su mutismo hablándole sin parar.
Sinopsis de Persona en Filmaffinity.
Etimológicamente, el término “persona” viene del latín “persona”, “máscara del actor”. Con el paso del tiempo, se abandonó esa concepción teatral para pasar a referirse en exclusiva al “individuo de la especie humana”. Durante el desarrollo del film, Bergman utiliza el concepto, mediante metáforas, en ambos sentidos. Como actriz, para representar un papel, Elisabet se coloca la “máscara (persona)” del actor, hasta que un día decide, a través del silencio, “quitársela” en medio una representación teatral. Al prolongar el silencio en la vida real es como si se colocara una máscara metafórica que le mantuviera “a cubierto” del mundo real o exterior, tal vez, percibido como “amenaza”, y en el que reina una, si cabe, mayor “falsedad” que la de una representación teatral, pues “todo el mundo”, a su vez, lleva una “máscara” que oculta las partes más oscuras de su realidad.

El prólogo de Persona de Ingmar Bergman: Intención, estilo, subtexto y subconsciente
Por la forma impactante y el contenido “violento” de la mayoría de imágenes, es comparable el prólogo de Persona con esa revolucionaria obra, de Luis Buñuel y Salvador Dalí, máxima expresión del surrealismo cinematográfico, Un perro andaluz (1929). Un proyector cinematográfico se pone en marcha, más que proyectando, “expulsando”, en un tono cercano a lo subliminal, crudas imágenes de carácter sexual (un pene erecto, fríamente “descontextualizado”, pues no se ve la figura humana; imagen precursora de otra de El club de la lucha, 1999, de David Fincher), sacrificio (la matanza de un cordero), religión (una crucifixión) o suicidio extremo (hombre quemándose “a lo bonzo”), representativas de las habituales temáticas de Bergman. Al final el proyector, en una radicalidad extrema, coherente con la forma en que ha proyectado, arde, “autodestruyéndose”.

El estilo utilizado por Ingmar Bergman, empleo del proyector, “rupturas de la cuarta pared” y explicitud de las imágenes, no es de provocación al espectador, pues no parece entrar en su estilo (sí la reflexión), pero sí que le advierte sobre la mayor complejidad y profundidad de Persona en la exploración de sus temáticas habituales, y, con ello, en definitiva, del carácter experimental y radical de la película a cuyo visionado va a asistir. Este prólogo funciona como subtexto del propio film, anticipando su temática y trasfondo e, implícito en ello, como representación del inconsciente o subconsciente, no sólo de la mente de los personajes de la película (por otro lado, prolongaciones del propio Bergman),sino también, en general, de la mente humana, recóndito lugar de ésta donde se esconden los deseos reprimidos y las experiencias traumáticas.

La compleja y ambigua relación entre Alma y Elisabet: Del enigma al misterio
La relación entre Alma y Elisabet (magníficas Bibi Andersson y Liv Ullmann, dos de las actrices fetiche de Bergman) resulta, por su complejidad y ambigüedad, enigmática e inquietante, y, en su desarrollo, generadora de una fascinación hipnótica. Así es desde un principio, dado el desconocimiento en torno a las causas del silencio de Elisabet, sobre el que pronto se descarta cualquier causa física o psíquica. Entendiendo que entonces se trata de un acto volitivo de Elisabet, Alma piensa que, como problema a resolver, va a resultar difícil e incluso psíquicamente “peligroso”, por la fuerza de voluntad requerida para adoptar tal postura y persistir en ella. Ciertamente, este indefinido silencio de “la otra parte” “fuerza” a Alma a una exposición continua ante Elisabet, llegando a revelarle episodios muy íntimos de su vida que le producen vergüenza y humillación.

Puede que los sentimientos de Elisabet, provocados por esas causas desconocidas, fueran también, en esencia, vergüenza y la humillación. Si así fuera, se habría producido una suerte de “convergencia” o “transferencia” de sentimientos o emociones de Elisabet a Alma, comienzo de una degradación de la relación, que acabará deviniendo tóxica. En cualquier caso, hasta aquí, aún en su deriva negativa, la relación se podría explicar en términos “realistas” o “racionales”

Sin embargo, a partir de aquí la relación parece traspasar los límites de la “realidad” o la “lógica” para adentrarse en un terreno extraño y misterioso, que podría esquematizarse de la siguiente forma:
Confusión de personalidades – Intercambio de identidades – Simbiosis entre Alma y Elisabet – Fusión de Alma y Elisabet – Persona nueva (libre)

Admitiendo este proceso, en realidad, como una pretensión del autor de simbolizar metafórica o conceptualmente una o alguna idea/s de la realidad, entonces esa supuesta fase “misteriosa” se encontraría no en el qué narra Bergman, sino en el cómo lo narra, no en el fondo, sino en la forma. Es decir, el misterio, “lo extraño”, lo constituiría la “transformación” de esa “realidad” (o desafío de su lógica) por la intervención cinematográfica, con el objeto final de elaborar una conceptualización o teorización final sobre el tema tratado.
Feminismo y erotismo en la película Persona, de Ingmar Bergman
Trascendiendo a la propia película, en un sentido general, por su significado y alcance, la palabra “persona” es hermosa. Conceptúa al ser humano como tal, es decir, la existencia individualizada y previa a la pertenencia a un género, identidad, nacionalidad o raza. Primero, y, ante todo, somos personas. Además, su género femenino la hace “no precisar” de intervención alguna del llamado “lenguaje inclusivo”, lo cual no deja de resultar “curioso e irónico” en los tiempos actuales, dada su “casi obligada utilización”.
No sorprende, por ser algo habitual y natural, la presencia e importancia de la mujer en las películas de Bergman. En sus films, éstas representan la prolongación de sus sentimientos y emociones, pero, sí que merece ser destacado que elija para Persona a dos mujeres – además, dos de las más grandes intérpretes del cine sueco -, considerando la importancia que Bergman otorga a la película al concebirla como un intento de elaborar una especie de tesis o conceptuación cinematográfica de la persona/ser humano.

Una de las secuencias fundamentales de Persona es esa en la que Alma narra a Elisabet el encuentro sexual orgiástico que, acompañada de una amiga, mantuvo, en una playa con dos hombres desconocidos. Secuencia antológica, que, como si de una novela se tratase, tan sólo mediante una narración explícita y sin imágenes en flashback, logra “que se visualice” su contenido. Se deja que se ponga en marcha la imaginación del espectador, para que, a través de ella, efectúe su propia representación mental, pues todo está en esa explicita narración de Alma (una magistral Bibi Andersson). El gran mérito es que este desarrollo en términos formales meramente narrativos y con ausencia de cualquier “imagen ilustradora”, consiga una profunda sensación no sólo de erotismo cinematográfico, sino también de (cuasi) pornografía.

Formalmente en esta escena Bergman juega, con maestría, con conceptos en un principio antagónicos o contradictorios, desubicándolos de su posible “contexto natural” para, con exhibición del antagonismo o contradicción, lograr que se complementen hasta llegar a una fusión. En una teorización general, la “narración” se entiende como más cercana a “lo implícito” y, en cambio, la “imagen”, más a “lo explícito”, sin embargo, en la secuencia referida la explicitud está en la narración de Alma de unas “imágenes ausentes” para Elisabet y el espectador. Así, “lo explícito” formará parte de “lo implícito” y a la inversa; por tanto, ambos términos se confunden hasta su fusión (como, por otra parte, acaba sucediendo con Alma y Elisabet).

Una posible lectura «Nietzscheana» del film Persona
El filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) defendió la existencia de un nihilismo positivo el cual en lugar de “no creer en nada”, como el negativo, “cree en la nada”. “La nada” existirá, explicado en términos artísticos, como si el escritor o el pintor desechasen una obra empezada o acabada, por considerar que “no es suya” al haber quedado “contaminada” por influencias, condicionantes o imposiciones externas no deseadas, para comenzar, de nuevo, desde cero, a escribirla o pintarla, pero esta vez, no solamente con la sensación, sino también, con la realidad, de absoluta libertad. En términos netamente nietzscheanos, supondría la superación del nihilismo, simbolizado en la aparición del “hombre nuevo” (“hombre” en el sentido de “persona”, no de “género”), alguien capaz de afirmar completamente su vida, sin condicionamientos superiores o exteriores represores de la personalidad religiosos, morales o de cualquier otro tipo. (Teoría del “hombre nuevo” o “superhombre” plasmada por Nietzsche en su obra Así habló Zaratustra, 1883-85).

¿Es posible que exista en Persona una deriva o aproximación, desde el existencialismo, hacia esta doble teoría nietzscheana conclusiva en la superación del nihilismo y la aparición del hombre (persona) nuevo? En una enigmática secuencia, Alma, viendo como el silencio de Elisabet se prolonga sine die, le compele a pronunciar, por lo menos, una única palabra… “nada”. Existe ambigüedad en cuál sea la intencionalidad de Alma. En una primera hipótesis, Alma pretendería que Elisabet se libere de los sentimientos autodestructivos que le condujeron al silencio, para después renacer como persona nueva y libre, obviando cualquier condicionamiento personal o social represor (por tanto, “nihilismo positivo”). Sin embargo, en una segunda hipótesis, al terminar polarizándose la relación Alma-Elisabet en torno a los sentimientos de “amor-odio” (secuencia de “los cristales rotos”) cabría considerar que aquélla pretendiese la destrucción psíquica de Elisabet, provocándole la interiorización de un destino fatal inexorable (“nihilismo negativo”).

Pero, ¿y qué significado final puede tener “la persona” de Persona? En el supuesto de admitir la hipótesis del “nihilismo positivo”, asociado a un final catártico-liberatorio, típicamente bergmaniano, resulta plausible y coherente entender que, metafórica o conceptualmente, tras la “fusión Alma-Elisabet”, “nacería” la “persona nueva”, libre, correspondiente con el hombre nuevo (persona) de Nietzsche, que, podrá realizarse libre y completamente por la inexistencia de condicionantes represores.

Breve referencia a la influencia de Ingmar Bergman y Persona en el cine
Persona es una Obra de Arte absolutamente atemporal, extraña, enigmática, inquietante e hipnótica; por todo ello, fascinante y, como se ha visto, abierta a múltiples interpretaciones. Grandes directores de la historia del cine se han mostrado admiradores de Ingmar Bergman, y han reconocido la influencia del maestro sueco en su obra: Andrei Tarkovski (al que Bergman profesaba admiración recíproca), Woody Allen, Lars Von Trier, Michael Haneke, Stanley Kubrick, David Lynch o Martin Scorsese. Por su parte, es destacable que Persona ha extendido su influencia a bastantes obras representativas del cine contemporáneo como las mencionadas Mulholland Drive (2001), de David Lynch y El club de la lucha (1999), de David Fincher; la obra póstuma de Stanley Kubrick, Eyes Wide Shut (1999) o Cisne negro (2010), de Darren Aronovski; e incluso cabe citar también a esa controvertida obra, máxima representante del nuevo extremismo francés, Martyrs (2008), de Pascal Laugier. Asimismo, como películas que influyeron en Persona, Como en un espejo (1961) o El silencio (1963), del propio Bergman y Vertigo (1958), de Alfred Hitchcock. Por último, recientemente, en La isla de Bergman (2021), de Mia Hansen-Love, sobre dos cineastas que intentan hallar el aura inspiradora que dicha isla ejerció en Bergman, en cierta manera, se homenajea al maestro sueco.
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Álvaro Blanco Hernando. Cinéfilo sobre todas las cosas y también apasionado
de la fotografía, la literatura y la música. Siempre con inquietud por el Arte en
todas sus manifestaciones.


