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Fotograma de El club de la lucha (1999), de David Fintcher. Brad Pitt.

Canon de belleza. La crítica de Fincher y Pitt en El club de la lucha

El club de la lucha va cargado de detalles críticos, los cuales corren el peligro de pasar desapercibidos si nos dejamos llevar por su maravilloso y fascinante envoltorio. La crítica al canon de belleza es uno de ellos. Y es que su director, David Fincher, lo hace de forma sutil a la vez que escandalosa. Es irónico que el mayor prototipo masculino, Brad Pitt, sea el elegido para criticar que los medios nos impongan un ideal físico inalcanzable, ¿no?

Brad Pitt, hiperreal, guapo y perfecto

Pitt resulta tan perfecto que hasta su actuación es considerada de las mejores de su filmografía. Además, habla claro al espectador diciéndole que éste nunca podrá ser como él. Tyler Durden (Pitt) es la proyección de El narrador (Edward Norton), su avatar perfecto, una simulación como la que podríamos tener en un videojuego, pero creado en este caso por una mente enferma. Es el alter ego producto del mundo hiperreal del narrador, que tiene la imagen que le gustaría tener y que se atreve a hacer todo lo que teme hacer.

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Fotograma de El club de la lucha (1999), de David Fincher. Brad Pitt y Edward Norton.

Os recomiendo leer la novela de Chuck Palahniuk para descubrir cómo desarrolló las concepciones que hace Jean Baudrillard en su Cultura y simulacro (1978), de lo que es real e hiperreal (nuestro resumen en Cultugrafía). Lo real, nosotros, sentados en nuestros sofás mientras la vida pasa, lo hiperreal, las representaciones a través de las cuáles vivimos. Puedes también repasar otro de nuestros artículos donde ampliamos y relacionamos el contenido con la sociedad del espectáculo de Guy Debord.

El canon masculino. Hombres peludos, machotes y fuertes

Ya no se trata solo del canon de belleza. Nuestra sociedad aplasta la masculinidad creando un ideal imposible de alcanzar en lo físico e impidiéndonos hacer cosas que teóricamente han sido concebidas por nuestro imaginario (cazar, cortar leña, pelear, hacer la mili, etc.). Tyler plantea que tenemos que escapar del sistema y recuperar nuestra hombría. Durante la película dice que nuestra generación está feminizada, que hemos sido criados por mujeres, llegando así a hablar sobre sí mismo y sobre la ausencia de su padre.

“Somos una generación de hombres criados por mujeres, me pregunto si realmente otra mujer será la respuesta que necesitamos”.

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Fotograma de El club de la lucha (1999), de David Fincher. Edward Norton y Brad Pitt.

Se revela pues como un niño en el cuerpo de un hombre, algo que vemos a través de sus ‘chiquilladas’ meándose en la sopa o incluyendo fotogramas de películas porno en cintas para todos los públicos. Es alguien que nunca ha llegado a la adultez y no entiende que la masculinidad no tiene por qué consistir en pelearse con los de su club de machotes o destruir las cosas que no le gustan. Es así como obtenemos la otra cara, la que descubrimos si quitamos ese envoltorio fascinante y reflexionamos.

El club de la lucha NO es una película machista

Fight Club plantea también que la masculinidad puede que consista en crear en vez de destruir y en ser responsables. De hecho, y aunque no ocurre así en el libro, es finalmente a través del personaje femenino, Marla Singer (Elena Bonham Carter), con el que El narrador consigue la redención. La película ha sido muy criticada erróneamente por ser considerada machista.

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Fotograma de El club de la lucha (1999), de David Fincher. Elena Bonham Carter.

Podemos caer en el error y decodificar mal la película. Desde luego, el camino fácil es el de valorar e incluso de imitar a estos personajes carismáticos gracias a lo que molan. La película está tan bien hecha, y tiene una fachada tan buena que es inevitable dejarse llevar. Y es que:

“La vida entera de las sociedades en las que imperan las condiciones de producción modernas se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculos”

(Debord, 1967:37).

Brad Pitt. Una caricatura de sí mismo

Puede que, en el interior de mentes cuadriculadas, haya algún tipo de impulso por el que algunos individuos encuentren divertido y estimulante quedar para pegarse. Me vienen a la mente ultras, hooligans y peña del estilo. Grupos de la vida real que corren el peligro de hacer una defensa de la violencia para conseguir sus objetivos. O sin objetivos, da lo mismo, de la simple violencia por la violencia.

De la misma manera, también corren el peligro de hacer una defensa del machote, y es que Brad Pitt, a pesar de ser el canon de belleza masculino, es por completo caricaturizado. Lo vemos en la excentricidad con la que se mueve, se viste o habla. Se está ridiculizando a sí mismo, lo sabe y su interpretación es impecable. Mediante el medio y el mensaje, actor y director consiguen hacer una magnífica caricatura del estereotipo masculino. Pensemos un poco sobre nuestros hábitos de hoy día ¿no creéis que hacemos constantemente nuestras propias caricaturas con los selfies? (Puedes leer el artículo de nuestra particular crítica al selfie.)

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Fotograma de El club de la lucha (1999), de David Fincher. Brad Pitt.

Es triste, pero por mucho que lo intentemos o seamos conscientes de ello, nos dejamos llevar. Es imposible desviarnos de los carriles de nuestra cultura, nuestro imaginario, nuestro habitus (el de La distinción de Pierre Bourdieu). Hipócrita el que diga que nada de eso le afecta y niegue que nunca haya pensado al mirarse al espejo: me veo más gordo, más calvo, más viejo, me arreglaría los dientes o me sobra este lunar. ¡JA! Hipócritas.

Las mujeres soportan mucha más presión que los hombres

Sin darnos cuenta, y sin poder ir en contra de algo que tenemos tan arraigado a nuestra conciencia, sin quererlo, lo tomamos como el canon de belleza inalcanzable, lo más cool, porque lo hace Brad Pitt y porque ya se han encargado bien los medios de decirnos que esa es la perfección, lo atractivo y lo genial.

En fin, El club de la lucha nos ha dado la oportunidad de divagar un rato sobre el estereotipo masculino, pero no podemos olvidar lo más importante, que nosotros somos los menos perjudicados. Está más que claro que todo esto es aplicable al canon de belleza femenino, aunque aplicable sería quedarnos muy cortos, pues la crueldad que recae sobre ellas es muchísimo mayor. Multipliquemos por cien todos esos complejos, sí, todos esos creados por la publicidad para ensanchar los ingresos de la industria textil, de potingues, accesorios y demás mierdas; y puede que lleguemos a entender la presión que ellas soportan.

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Bibliografía: