Masks. Ilustración de Wylie Beckert. El yo y el mi de George H. Mead.
Masks. Ilustración de Wylie Beckert. El SELF

La sociedad no estaba preparada para su llegada. El SELFIE nos crea y nos destruye

Situémonos, principios del siglo XX, la radio y el cine comienzan a expandirse por todo el planeta. Se usan como herramientas de difusión informativa y de entretenimiento. Años después, ocurriría lo mismo con la televisión y la cosa se complicaría todavía más. Los teóricos de la escuela crítica comenzaron a denominarlos como medios de comunicación de masas y consideraron que la sociedad no estaba preparada para asimilar tan rápido la influencia de estos medios tecnológicos. ¿Creéis que lo estamos hoy día para internet y el selfie?

Índice de contenidos:

Smartphone, extensión de nuestros órganos y sentidos

¿Somos responsables para semejante superpoder?

Viene bien recordar las palabras de Marshall Mcluhan: los medios tecnológicos son extensiones de nuestros órganos y sentidos. Nos hacen ver y oír contenidos a los que no llegaríamos de ninguna otra manera. Pues bien, antes que él, el teórico crítico Walter Benjamin, hacía una reflexión muy interesante en su ensayo La obra de arte en la época de su reproducción mecánica (1935), sobre nuestra inmadurez a la hora de afrontar los avances que la técnica traería a la era moderna. Advierte del peligro que podría acarrear la rápida implementación y difusión de los medios de comunicación de masas en la sociedad:

«La sociedad no está madura para hacer de la técnica su órgano y que la técnica no está lo suficientemente elaborada para dominar las fuerzas sociales elementales«.

(Benjamin, 1935: 59)

Orson Welles lo demostró poco después con su particular Guerra de los mundos emitida por CBS radio en 1938. Podéis escuchar la retransmisión original. Cabe reflexionar en que si el rápido desarrollo e implantación del cine, la radio o la televisión, ocupaba la preocupación de los teóricos críticos, cómo de preocupados deberíamos de estar hoy día con la fugacidad de internet y todas sus derivaciones.

selfie mercury theatre orson welles la guerra de los mundos cbs radio
Fotografía de Orson Welles y su equipo en un ensayo de CBS radio, The Mercury Theatre on the Air. Impresa en periódicos estadounidenses después de la transmisión de La guerra de los mundos

Es por esto que no podemos dejar de pensar en que, por muchos beneficios que aporten las TIC al desarrollo de la sociedad, y esto sería desde la visión funcional y mediamórfica, tampoco debemos olvidar nuestra conciencia crítica y pensar en las consecuencias derivadas de su mal uso.

Veo por tanto de suma relevancia dedicar varios artículos de Cultugrafía a una de las expresiones comunicativas más exitosas de nuestra era: el selfie.

Consumo de entretenimiento. Consumo de selfie

Su propagación y uso convierten al selfie en espectáculo y simulacro tanto o más que cualquier otro contenido generado por la industria del entretenimiento. Consumimos programas, series, cine, etc.; sí, eso entre otros tantísimos formatos, pero también consumimos sin descanso esas denominadas autofotos.

Sin la innovadora idea de Philippe Kahn de incluir cámara en los teléfonos móviles, combinada con los grandes avances en telecomunicaciones, no se darían hoy esas fotografías compartidas al instante. Es ya como un acto reflejo, algo arraigado a nuestro ser hipermoderno que anhela formar parte de la iconosfera. ¿Nuestro vehículo? Las redes sociales. Ahora somos capaces de entretenernos entre nosotros y a nosotros mismos.

Philippe Kahn fue el primero en transmitir al instante una fotografía a través de internet. Y no lo hizo gracias a un pseudosmartphone primitivo. Eso lo desarrollaría después con su empresa LightSurf, ideas que Sharp implementaría para lanzar el primer móvil con cámara: el J-SH04. Si queréis leer más sobre esto, lo tenéis en La furia de las imágenes (2016), de Joan Fontcuberta. Os aconsejo y animo a que lo leáis.

Selfie e irresponsables. La construcción del SELF de George H. Mead

Nuestra facultad de ser autoconscientes nos ha dado la capacidad de reconocernos en el mundo, de actuar motivados por nuestras propias decisiones y de ser responsables de nuestros actos. Es una lástima que la irresponsabilidad brille por la ausencia del conocimiento de muchos, algo más que palpable en las imágenes que a veces publicamos sobre nosotros mismos.

“Las selfies son, […] una de las tipologías fotográficas más pobres: habitualmente con el rostro en el centro, afectado por la deformación típica del gran angular de la cámara del smartphone, casi siempre con una mueca sonriente o adoptando algún gesto que trata de irradiar estilo y seducción”.

(Martín Prada, 2018: 84).

George H. Mead, teórico del interaccionismo simbólico, hablaba del yo y el mi, siendo el yo, el sujeto mismo de la acción, es decir, nosotros mismos, y el mi, el sujeto reflejo desde el que proyectamos nuestra imagen. El mi es, por tanto, además del sujeto que tengamos enfrente o que imaginemos, un concepto abstracto que engloba todo nuestro imaginario y que usamos como espejo para observarnos.

Appear strong when you are weak and weak when you are strong. Marco Melgrati
‘Appear strong when you are weak and weak when you are strong’. Parece fuerte cuando eres débil y débil cuando eres fuerte. Obra de Marco Melgrati. Instagram m_melgrati

Sería algo así como ponernos en la piel del otro para mirarnos y analizarnos con un punto de vista externo. De vernos como nos verían los demás y reflexionar sobre nuestra imagen y nuestros actos. Es triste, pero el ‘mi’ es algo que todos tenemos: la parte de nosotros mismos que actúa como creemos que los demás esperan que actuemos.

Existimos gracias al hecho comunicativo. Fotografío y comparto, luego existo

El selfie gobierna la red, es una obviedad, y al igual que los signos construyen nuestra imagen del mundo y estos toman sentido gracias a su difusión en la práctica social, ahora, gracias a los smartphones y la sociedad red:

“las fotos pasan a actuar como mensajes que nos enviamos unos a otros. […] funcionan como palabras dichas, […] la postfotografía se reorienta hacia la necesidad de compartición e intercambio”.

(Fontcuberta, 2016: 119).

Con esto obtenemos a un tipo de individuo hipermoderno que existe gracias a ese hecho comunicativo. El ser ahora, al igual que esos códigos, existe por esa misma naturaleza de propagación.

“El ser acontece en la comunicación, sucede en el acto comunicativo”.

(Martín Prada, 2018: 73).

El ‘pienso luego existo’ de Descartes fue adaptado por Fontcuberta al ‘fotografío luego existo’. Así dejaría constancia de que ya no fotografiamos por una motivación documental sino por dejar nuestra marca biográfica. Fotcuberta también nos enseñaría que la fotografía digital nos puede mentir, algo que nos demostró desde la práctica artística con su Sputnik (1997).

El selfie nos crea y nos destruye

Así pues, y viene lo más complicado de todo. Podríamos decir por un lado, y gracias a lo aprendido con el yo y el mi de Mead, y las conclusiones extraídas de la obra de Martín Prada y Fontcuberta, que somos porque existimos incluidos en la imagen que se propaga en el acto comunicativo.

Pero por otro lado, y si concebimos ese mismo acto comunicativo desde la naturaleza espectacular de Debord e hiperreal de Baudrillard, llegará mediatizado y generará una simulación de la experiencia real y objetiva.

De modo que, cuando nos hacemos un selfie y lo compartimos, nos estamos convirtiendo en una de esas imágenes que median el acto comunicativo. Por lo que, al compartir esa foto de nosotros mismos, en el mismo momento en que empezamos a existir por ser mensaje y acto comunicativo, dejamos a la vez de hacerlo por convertirnos en espectáculo.

Lo mejor de todo, es que tras esta teoría, el selfie nos trae otra mentira, la de lo que la propia imagen muestra. Basta con un juego de perspectiva de cámara o una pose sacando pecho y trasero para parecer modelos de ropa interior, o al menos, para que así lo pensemos.

Avatar social. Obra de Marco Melgrati. Guache sobre papel. Hecha para el Artlife Fest 2020 de Moscú.
Avatar social. Obra de Marco Melgrati. Instagram m_melgrati

Nos mostramos como nos gustaría ser, o más bien, como nos gustaría ser vistos, y eso, queridos lectores de Cultugrafía, nos convierte en un producto más de la sociedad espectacular y es además el principio de la destrucción de nuestra libertad y conciencia; eso si alguna vez las tuvimos.

En definitiva, puedes hacerte selfies, ¿por qué no? Pero para antes unos segundos y piensa. ¿Por qué lo haces? ¿Qué quieres conseguir? ¿Estás siendo tú mismo? Por favor, actúa con responsabilidad y respétate. Puede que en unos años redescubras esa foto que te hiciste frente al espejo medio en cueros y sacando morritos. Quizás se te erice el bello de la nuca y sientas vergüenza ajena de esa persona que un día tú mismo fuiste. Hasta puede que intentes borrar todo rastro de esa imagen bochornosa y que el entramado red social no te lo ponga demasiado fácil.

Si os ha gustado la obra que hace de portada de este artículo: Masks; podéis visitar la página de Wylie Beckert para ver cómo la hizo de principio a fin. Instagram: wyliebeckert

No olvidéis dejar vuestros comentarios, por favor, vuestras dudas y opiniones son muy importantes, nos permitirán ampliar puntos de vista e incluso dar a conocer nuevas ideas que den cabida a nuevos artículos.

Más artículos sobre el SELFIE:

SERIE ESPECTÁCULO Y SIMULACRO:

Bibliografía

BAUDRILLARD, J. (2016). Cultura y Simulacro. Barcelona: Kairós.
Primera edición (1978).

BENJAMIN, W. (2018). La obra de arte en la época de su reproducción
mecánica
. Madrid: Casimiro libros (Primera edición 1935)

DEBORD, G. (2015). La sociedad del espectáculo. Valencia:
Pre-textos. Primera edición (1967)

FONTCUBERTA, J. (2016). La furia de las imágenes. Primera edición.
Barcelona: Galaxia Guntenberg.

MARTÍN PRADA, J. (2018). El ver y las imágenes en el tiempo de internet.
Madrid: Ediciones Akal.