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Narcisismo, selfie, tontos y gordos. El negocio oculto de las redes sociales

Social Media Narcissims. Ilustración de Marco Melgrati. Narcisismo y redes sociales.
Social Media Narcissims. Ilustración de Marco Melgrati. Instagram: m_melgrati

Nosotros somos el producto. ¿Cómo si no, podríamos explicar la gratuidad del servicio que tan desinteresadamente prestan las redes sociales? Por si no lo sabíais, o por si os olía un poco a chamusquina pero os limitabais a hacer lo mismo que todos sin haceros demasiadas preguntas. Debéis saber que en cuanto dais de alta vuestro perfil en una red social, os convertís en su producto.

Es fácil de entender, se llama stalkear creo. Observamos un perfil y lo valoramos con la misma frialdad que valoramos una sandía en la frutería. Pensadlo bien: la vemos desde el escaparate, entramos, la cogemos, nos la acercamos al oído y le damos unos manotones para escucharla (algo que nadie sabe todavía del todo bien cómo va). De paso, vemos el resto de productos. Al final, nos vamos sin la sandía, pero nos llevamos fresas y plátanos.

Recapacitad bien sobre lo que publicáis, porque vuestro perfil en redes sociales es ese escaparate, y vosotros mismos la sandía, fresas y plátanos. ¿De verdad queréis que un desconocido entre a vuestra casa y le dé unos manotones a vuestra vida íntima para valorar su calidad? Despertad, porque sobre este corpus se cimenta el negocio de las redes sociales.

Índice de contenidos:

El capitalismo de la identidad

Martín Prada denomina las ficciones derivadas del selfie, incluidas en las nuevas poéticas de la conectividad, como un nuevo capitalismo, el de las identidades.

“Vernos a nosotros mismos, sentirnos protagonistas de nuestra propia experiencia de navegación en línea, es uno de los ejes articuladores principales del modelo de negocio del sistema-red”

(Martín Prada, 2018: 83).
Capitalismo de la identidad. Artista desconocido. Narcisismo y redes sociales.
Capitalismo de la identidad. Artista desconocido.

El capitalismo de la identidad iniciado por las redes sociales conlleva a un exhibicionismo que puede ir, en el peor de los casos, de lo antiestético a lo grosero, mezcla quizás de ignorancia y desesperación; y en el mejor de los casos, a la resignación de incluir nuestra identidad en redes sociales, bolsas de trabajo y demás plataformas por mera supervivencia.

Como resultado del nuevo capitalismo de la identidad, surgen personalidades narcisistas, por adorarse, gustarse y recrearse en su propia contemplación (aunque también en la de los demás), donde el selfie, resulta como la opción más popular. Por ello, no es de extrañar que este hábito domine la comunicación social y por tanto sea ya, algo inherente a nuestro YO hipermoderno.

Narcisismo y sálvese quien pueda. ‘Si ellos lo hacen, yo también’

“Si la modernidad se identifica con el espíritu de empresa, con la esperanza futurista, está claro que, por su indiferencia histórica, el narcisismo inaugura la posmodernidad”

(Lipovetsky, 1983: 50).

El filósofo Gilles Lipovetsky en su ensayo La era del vacío (1983), expone que el narcisismo inundó la posmodernidad a consecuencia de la globalización, la rapidez y la fugacidad. Se abrió un camino de rosas que conducía al individuo egoísta y despreocupado de su pasado y su futuro. Llegó así la era del hedonismo y el individualismo fruto del desencanto y la desconfianza hacia los líderes y la autoridad.

“el narcisismo ha abolido lo trágico y aparece como una forma inédita de apatía hecha de sensibilización epidérmica al mundo a la vez que de profunda indiferencia hacia él”

(Lipovetsky, 1983:52).
Narciso. Obra de Caravaggio. Pintada entre 1594 y 1596. Narcisismo y redes sociales.
Narciso. Obra de Caravaggio (1594-96).

Algo que llega hasta hoy, un presente putrefacto que convierte en habitual la corrupción de políticos, reyes campechanos, celebridades y estrellas del fútbol. Perdidos y hundidos en la más profunda decepción de nuestros ejemplos a seguir, asimilamos y adaptamos sus comportamientos. Nos excusamos aplacando nuestro remordimiento en un ‘si ellos lo hacen, YO también’. Eso explicaría la reciente migración de algunos youtubers a Andorra para tributar allí.

Pero puede ser todavía peor, porque llega la era covid para dar un empujoncito más al aislamiento y a la descomposición de nuestro YO social, cada vez más individualista. El YO que no sabe mirar más allá de su ombligo; el que salva su culo y el que venga detrás que corra. El YO que, sometido a la basta cantidad de información, estímulos y tareas, es capaz de creerse todo y de no creerse nada, o más bien, el YO narcisista, que solo cree lo que le interesa creer y que defiende su razón, aunque eso lo convierta en un fraude.

“El ‘capitalismo’ autoritario cede el paso a un capitalismo hedonista y permisivo, acaba la edad de oro del individualismo, competitivo a nivel económico, sentimental a nivel doméstico, revolucionario a nivel político y artístico, y se extiende un individualismo puro, desprovisto de los últimos valores sociales y morales”

(Lipovetsky, 1983:50).

Narcisismo y redes sociales. Individualismo y deseo de comunidad.

Pero surge una distopía, algo de lo que ya advertíamos en otra de nuestras publicaciones: la sociedad hipervisible, autorreferenciada y transmediática. Donde avanzábamos que la línea entre narcisismo y baja autoestima puede ser tan delgada que estemos abocados a pasar de un lado a otro sin remedio ni advertirlo. Como si el ritmo frenético de nuestras vidas hubiera eliminado nuestra capacidad de ser autoconscientes.

“En todas partes encontramos la soledad, el vacío, la dificultad de sentir, de ser transportado fuera de sí; de ahí la huida hacia adelante en las ‘experiencias’ que no hace más que traducir esa búsqueda de una ‘experiencia’ emocional fuerte”

(Lipovetsky, 1983:78).
Individualismo, soledad, narcisismo. Autor, Stalker Eye.
Autor, Stalker Eye.

Puede que sea el motivo por el que invirtamos tanto esfuerzo en nuestra promoción personal. Alimentamos así el capitalismo de la identidad con nuestras fotos, habilidades y éxitos. Necesidad humana de ser aceptados que nos hace adoptar actitudes narcisistas. Pura contradicción, la de necios centrados en sí mismos buscando aprobación y valoraciones positivas sin advertir que van en dirección contraria, hacia el aislamiento y el distanciamiento social.

“cuanto más los individuos se liberan de códigos y costumbres en busca de una verdad personal, más sus relaciones se hacen ‘fraticidas’ y asociales”

(Lipovetsky, 1983: 65)

Pero lejos del narcisismo más puro, situados en una sociedad frenética donde la meditación y el yoga dejan paso al creciente mercado de las benzodiazepinas para amortiguar depresiones y ataques de ansiedad; cuesta entender que individuos con la autoestima de adolescentes en plena pubertad adopten este tipo de comportamientos.

El narcisismo del espectáculo o falsicismo de la hipermodernidad

Ya que la relación entre narcisismo y baja autoestima es inversamente proporcional, hemos decidido llamar narcisismo del espectáculo o falsicismo, al narcisismo característico de la sociedad hipermoderna, resultado de que hasta el narcisismo sea falso e irreal. Este nuevo concepto mezcla la visión de narcisismo de Lipovetsky de la que acabamos de hablar y el concepto de sociedad del espectáculo de Guy Debord.

El narcisismo del espectáculo o falsicismo es el resultado de que los medios nos trasladen pautas venidas, presuntamente, de referentes narcisistas, y de que los consumidores de contenidos los imiten sin más porque es lo que todo el mundo hace. Aunque esas pautas no están obligadas a venir necesariamente de una personalidad narcisista. Basta con que una celebridad haga cualquier estupidez y la suba a la red para que se ponga de moda.

“A cada generación le gusta reconocerse y encontrar su identidad en una gran figura mitológica o legendaria que reinterpreta en función de los problemas del momento”

(Lipovetsky, 1983:49).

Sí, sí, ‘figura mitológica y legendaria’. Cristiano Ronaldo, El Rubius, Juan Carlos I, la Pedroche, Jesulín y un largo etcétera de la ‘cultura popular’, perdón, de ‘lo popular’.

Identidad X. Obra de Joaquín Berenguer. Es una de las veinte piezas que forman el proyecto EST@_SOY_YO.
Identidad X, óleo sobre tabla, 23x32x1 (2018). Obra de Joaquín Berenguel. Es una de las veinte piezas que forman el proyecto EST@_SOY_YO. Instagram: @joaquin.berenguel

Los consumidores, ahora también productores, simulan esas acciones y las muestran en sus redes sociales autorreferenciando patrones como el selfie y el culto al cuerpo. Por cuestiones como esta, podemos predecir que, en ocasiones, más por imitación que por amor propio, los individuos estén dando un grito subconsciente de mal estar producto de su baja autoestima llevándolas a mostrarse bellísimas y exitosas en sus redes sociales. Claro está, que el nivel de gratificación obtenido será proporcional a la cantidad de comentarios y likes conseguidos.

“La compartición de ese tipo de imágenes debe ser entendida como una práctica de self-branding, de promoción personal, casi siempre orientada a ofrecer la mejor versión de uno mismo, procurando evidenciar el haber estado en lugares maravillosos o con fantásticos amigos, estar feliz, sentirse realizado, ser positivo y seductor, casi siempre siguiendo para ello modelos de representación ajenos (el narcisista es imitador por antonomasia). Mediante esas imágenes continuamente se intenta importar a la vida cotidiana las pautas más exitosas de la nueva cultura mediática abanderada por las celebrities

(Martín Prada, 2018: 85).

La alegoría del tonto y el gordo

Al final, ¿Quiénes somos y por qué actuamos así? Estas preguntas y lo aprendido en este artículo sobre capitalismo de la identidad y narcisismo nos lleva a reflexionar sobre lo que hemos denominado como la alegoría del tonto y el gordo; resultado del recién acuñado falsicismo (narcisismo del espectáculo), la hipervisibilidad y el consumo descontrolado que caracteriza nuestra era.

Como ya hemos dicho, los contenidos que consumimos, cargados de pautas, códigos y signos, estructuran nuestro imaginario, el que asimilamos y a su vez reproducimos. Pues bien, pongámosle un poco de imaginación y tal y como antes convertíamos al individuo en sandía, vamos ahora a comparar los peores contenidos de los medios de comunicación con la comida basura.

Bien, al igual que existen contenidos más fieles a la realidad, (hay medios que se lo pueden permitir por no estar sujetos al dinero de los anunciantes o al degradado gusto de los subscriptores) y por tanto tener el detalle de no caer en el morbo o la fascinación; existen también alimentos que son más saludables que otros. Resulta interesante estudiar cómo la peor parte de la industria del entretenimiento va tan estrechamente relacionada con las franquicias de comida rápida.

Fried Wings. Obra del artísta Pawel Kuczynski. La alegoría del tonto y el gordo. Consumismo.
Fried Wings. Obra de Pawel Kuczynski. Instagram: @pawel_kuczynski1

Pensemos pues, en cómo un obeso mórbido, víctima de su adicción a la comida basura, pone en peligro su salud, y pensemos a la vez en ese espléndido cachas que no hace otra cosa que subir selfies a sus redes, exponiendo que, como puede leerse en sus comentarios, es muy ‘buapo’ y que está muy ‘gueno’, pero que tanto en su cabeza como en la de sus seguidores hay más serrín que en una carpintería.

Tanto el obeso como el cachas son el mismo resultado de la sociedad de consumo y del espectáculo. Damos así con el entramado que construye ambas personalidades: la industria de comida rápida haciendo dinero a costa de la salud del gordo, y las redes sociales, como parte ya de la industria cultural, haciendo dinero a costa de la conciencia del tonto, nutriendo así, el capitalismo de la identidad de masas.

Salud física y salud mental, el precio que no vemos y que hemos de pagar para satisfacer nuestras “necesidades”. Nosotros somos el producto, ¿lo veis ahora?

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BIBLIOGRAFÍA: