Obra de Pawel Kuczynski. Un joven con auriculares que son jaulas y pájaros. Portada. Imagen destacada
Obra de Pawel Kuczynski

¿Quieres concentración? Escucha lo-fi | Música, plataformas y algoritmos.

Las prácticas culturales han evolucionado desde el auge de la digitalización. En la industria musical, la evolución de las plataformas digitales ha propiciado un cambio en cómo escuchamos música. El streaming y las plataformas como Spotify han difuminado las líneas entre consumidores-productores. Con el auge de la escucha online e individualizada, la música lo-fi se erige como una metáfora de cómo son los patrones de escucha musical. Los nuevos servidores digitales han promovido un cambio de paradigma que obliga a repensar los usos y las consecuencias de este nuevo consumo musical desde una mirada sociológica (habitus).

Ilustración de la artista Henn Kim. Hombre y mujer metiendo la cabeza en un radiocasette
Ilustración de la artista Henn Kim. Instagram: @henn_kim

Hola streaming, adiós on demand

Las tecnologías ordenan nuestro mundo, afirma Latour, y la música es el nexo social capaz de, entre otras cosas, dotar de identidad a los grupos sociales. Nuestra socialización se ve afectada por el disfrute musical y el concepto de ‘música’ forma parte de nuestras experiencias, creencias o valores compartidos. Por tanto, el estudio de las audiencias musicales es, en sí mismo, un estudio acerca de los valores comunes (Buil Tercero & Hormigos Ruiz, 2016). La cuestión que aquí nos atañe es entrever las bases en las que se asienta y qué repercusiones tiene en las prácticas culturales. Cómo la función de escucha es mediada a través de patrones perfilizados en los que se predice qué, cómo y cuándo será mejor que escuchemos un tipo de canciones.

El nuevo paradigma en la industria ya no pasa sólo por la autonomía de los servicios en streaming, sino que se asienta en un modelo mixto en el que sigue primando la necesidad de interactuar con la audiencia. Los usuarios ya no sólo compran un paquete de canciones, un CD o un vinilo, sino que son ellos quienes crean sus propios ‘discos’ elaborando listas a su gusto. Este efecto de elección en el que los usuarios han pasado de consumidores pasivos a ser electores puede entenderse como un proceso de resignificación. Una resignificación que encaja a los usuarios como una especie de prosumidores, consumidores y a la vez productores de una nueva lista, que pueden difundir su creación en forma de selección musical.

El algoritmo del deseo y la construcción del perfil

El funcionamiento de los algoritmos ha evolucionado hasta llegar al grado de anticipación de los deseos de quien escucha. Cada individuo conoce sus gustos musicales. Si me preguntaran a mí está muy claro, es incluso perceptible: la preferencia por lo que se ha definido por canción de autor en sus múltiples contextos. Pero últimamente, la salsa de Rubén Blades ha entrado en mi vida. Es muy probable que nadie de mi círculo cercano hubiese anticipado que podría estar escuchando a un señor de Panamá que le canta a las desigualdades en las plantaciones azucareras o a la picardía de Centroamérica. Pero Spotify podría haberlo detectado antes que cualquiera. Veamos por qué.

Obra de Pawel Kuczynski. Un joven con auriculares que son jaulas y pájaros. Metáfora de nuestra jaula actual que es la tecnología.
Obra de Pawel Kuczynski. Instagram: @pawel_kuczynski1

Spotify es una herramienta sueca que nació como una plataforma de reproducción musical on demand. Es decir, brindaba la oportunidad de reproducir la música que se quisiese cuando se quisiese. Todo esto cambió a partir de 2015 con la absorción de la empresa de recomendación musical The Echo Nest. The Echo Nest añadió a Spotify las herramientas de recomendación musical asociadas al perfil del usuario. La herramienta sueca comenzó, a partir de 2015, a implementar una serie de playlists (Descubrimiento Musical, Daily Mix) en las que nos brindaba canciones que podrían ser afines a nuestros gustos, que no habíamos escuchado nunca y que son construidas en base a los datos que el algoritmo ha ido recopilando (Bazzara, 2019).

La herramienta de automatización de Spotify no es simplemente la “ayuda” para evitar que el usuario tarde tiempo en buscar aquello que sabe que le gusta, sino que se eleva un estadio más: es una automatización de lo que nos podría gustar mañana. Lo hace tomando como partida la elaboración del perfil. El perfil es la herramienta central del funcionamiento de Spotify. Un elemento central que se identifica como cambiante y heterogéneo en el que los datos que se acumulan sobre su experiencia pueden ser contradictorios. ¿Puede ser que un amante del trash-metal, un seguidor de Ángelus Apátrida por ejemplo, se sienta alguna vez atraído por el pop-rock enérgico de Ginebras?

“Podría decirse que si los medios de comunicación masivos tradicionales estaban dirigidos –como su nombre lo indica– a las masas, las plataformas mediáticas están dirigidas a estos individuos móviles de los que se traza su perfil”

(Bazara, 2019).

Otra de las funcionalidades que tiene la aplicación es el Procesamiento del Lenguaje Natural. Un tipo de recogida de datos que no sólo almacena los datos directos, los extraídos de cada perfil, sino que triangula las búsquedas con más información escrita. De otro modo, para analizar el gusto de un usuario se rastrean publicaciones en las que se hable de lo escuchado y con lo que se relaciona para ofrecer una posibilidad cercana y que no conoce el usuario. El algoritmo tiene, por tanto, la capacidad de interpretar y relacionar los mensajes de la canción que estamos escuchando mediante el análisis de texto que realiza en la web.

Evolución del ser humano. De primates a datos

La música como etiqueta. Lo-fi para compatibilizar la escucha con otras tareas

El uso de la música basado en estados de ánimo y emociones ha estado presente desde los albores de la creación musical. Antes de la llegada de las plataformas digitales el uso de música clásica para estados de relajación era una práctica habitual. Si en un pasado usábamos un tipo de música para que se adaptase a nuestro estado, ahora ya hay una propuesta musical basada en las emociones y estados: alegría, tristeza, concentración.

Para la generación Z, la relajación se llama lo-fi. El estilo de música lo-fi (low fidelity), presenta una música tranquila, apacible, repetitiva y es además un medidor perfecto de la “cultura del software”. A través de directos en YouTube o de listas en Spotify, la música lo-fi se erige como una nueva práctica cultural originada por la necesidad de encontrar un remanso y compatibilizar la escucha con otras tareas. Algo que nace con el propósito de acompañar en la realización de otras tareas: una especie de música acompañante y diseñada para ello.

Quizás, lo que ha originado la preponderancia del lo-fi sobre otro tipo de estilos ha sido el hecho de existir. El lo-fi ha surgido tras la necesidad de categorizar un estado de ánimo, el de concentración. Todo ello porque este estilo no es en sí mismo un estilo, sino que se ha definido para acompañar las prácticas de escucha pasiva y relajación. Sus bases melódicas se basan en la repetición de beats y en melodías con acordes placenteros, que no confundir con alegres. Ocurre lo mismo con el indie, que es más una escena que un estilo, tal y como apuntan investigadores como Héctor Fouce.

Recomendaciones de Spotify. Lo-fi y música clásica
Recomendaciones de Spotify. Lo-fi y música clásica

El software es la herramienta preponderante y, en este caso, la herramienta digital a través de la que accedemos al contenido musical. Las interacciones sociales están mediadas a través de diseños y configuraciones que nos indican los límites y los lugares comunes por los que transitar. La epistemología del software, tal y como la define Manovich, nos hace ver cómo el software ejecuta y constriñe nuestras prácticas culturales. El software de YouTube ha sido diseñado para atraer la atención hasta los vídeos y retener a la audiencia. Esto ha sido usado por las radios abiertas que ponen lo-fi, en una especie de uso no previsto, para que miles de usuarios se conecten en directo a una radio continua de música ambiental. Y claro, YouTube está pensado para recomendar aquellos vídeos con más interacciones y así posicionar en un buen lugar estas radios que han sido denominadas como piratas.

Si necesitas concentración, Spotify recomienda que escuches lo-fi

La práctica de escucha musical en Spotify ha supuesto que la aplicación pueda recomendar, anticipar y analizar nuestros gustos musicales a través de los datos. La escucha musical ya no sigue sólo un patrón de gustos propios sino que se basa en el descubrimiento y la capacidad sorpresiva que tienen las listas y radios diseñadas para cada uno de nosotros. Los estilos musicales están dando paso a una nueva catalogación de la música que pasa por alinearse con los estados de ánimo y ofrecer frecuencias acordes con las emociones. Así que si necesitas concentración, Spotify te recomienda que escuches lo-fi.

Bibliografía consultada:

Bazzara, L. (2019). Escuchar Spotify. Algoritmos, perfiles y modulaciones en las plataformas de streaming musical. Revista Sociedad.

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