Fotograma de La princesa Mononoke (1997) de Hayao Miyazaki. Ciervos en el bosque. Ecología y tradición

Ecologismo y tradición: La princesa Mononoke, una película inmortal

«Hace mucho tiempo, la tierra estaba cubierta de bosques en los que vivían dioses ancestrales». Con esta frase inicia una de las obras maestras del mangaka y cineasta Hayao Miyazaki, La princesa Mononoke (1997). Un film que envejece bien, pues tras los más de veinte años desde su estreno, la magia del dibujo y el potente mensaje sobre ecologismo y tradición sigue marcando a sus espectadores.

Fotograma de la Princesa Mononoke
La princesa Mononoke (1997) de Hayao Miyazaki.

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La princesa Mononoke, entre tradición y progreso

El undécimo largometraje de Miyazaki cuenta la historia de Ashitaka, príncipe de un poblado local y maldecido al intentar salvar a su pueblo de un animal enloquecido. Para poder librarse de la maldición debe viajar por el mundo y observarlo sin prejuicios ni odio. En su viaje se ve envuelto en el conflicto de una ciudad con los dioses antiguos; una lucha que implica la destrucción del mundo antiguo y el surgimiento de una nueva era.

Dentro de este argumento aparentemente simple, Miyazaki trata temas potentes y atemporales como la destrucción de la naturaleza en favor del progreso y la pérdida de identidad del pueblo al rechazar y abandonar tradiciones antiguas. Puntos que actualmente están resonando en la sociedad y determinan el consumismo actual. Un ejemplo de ello son las distintas marcas de cosmética que adaptan sus productos para poner a la venta líneas sin residuos.

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Por otro lado, tras el irreversible cambio climático producto del más puro egoísmo humano, surgen redentoras iniciativas para la especie que intentan reducir la contaminación; algo que ha llegado a convertirse en un movimiento que representa el estilo de vida de muchos.

El largometraje trata temas desde el punto de vista ecológico, pero también muestra una cara de la historia japonesa poco conocida. Ilustra así el escepticismo que enfrenta al pueblo situado entre tradición, religión y progreso. Una actitud que se identifica con las sociedades actuales, ya que las tradiciones pasadas se conservan en pequeños pueblos que con el paso del tiempo descienden demográficamente. A través de los distintos elementos y personajes, Miyazaki muestra las diferentes posturas que se toman ante la decadencia de la naturaleza.

Los Emishi, el pueblo que desapareció

La princesa Mononoke cuenta la historia de Ashitaka, príncipe de la tribu de los Emishi. Una tribu que realmente existió y es descrita como uno de los muchos poblados independientes antes de la unificación de los territorios del sur del archipiélago.

Debido al programa político de la familia imperial a comienzos de su reinado, no se conserva mucha información de estos poblados primigenios. Solo algunas pinceladas de su historia: sobre su arquitectura; que eran sociedades matriarcales; o detalles sobre cómo vivían su espiritualidad.

Aunque no se ha profundizado en exceso, se sabe que eran sociedades matriarcales porque es un concepto que intenta revertirse con la llegada del reinado de la familia imperial. Algo que encontramos en el Kojiki o libro religioso del shintoísmo, donde se relata cómo las mujeres pasan de ser cabezas de familia a custodias del saber antiguo. Por otro lado, la arquitectura y espiritualidad son conceptos que ha heredado la sociedad de sus pueblos ancestrales.

Página del manuscrito Shinpukuji del siglo XIV (真 福寺 本) del Kojiki publicado en 1924-1925.
Página del manuscrito Shinpukuji del siglo XIV (真 福寺 本) del Kojiki publicado en 1924-1925.

Miyazaki reconstruye esta tribu quinientos años después de la unificación del territorio del Emperador, mostrando una situación de decadencia por parte de la cultura de la tribu. Ashitaka es representado como el príncipe de esa tribu e interpreta el papel del guerrero. A través de sus ojos nos enseña la aldea y sus costumbres. Se destaca además a la líder, una anciana que dicta las normas y el futuro de la aldea. Y por encima de todo, observamos que la aldea representa una cultura en equilibrio con la naturaleza, cogiendo solo lo que necesita y no alterándola. La forma de vida del shintoísmo.

Miyazaki, a través de los ojos del pueblo, muestra que es posible la convivencia pacífica que surge de la relación entre lo natural y lo humano -matar y recolectar lo que se necesita para vivir-, pero también que la ambición puede acabar con esa paz y equilibrio.

Los dioses del bosque de La princesa Mononoke

El shintoísmo representa lo divino y bello del mundo, según su dogma, todo puede convertirse en dios. Durante el film, Miyazaki representa distintos tipos de dioses: dioses del bosque y dioses animales que lo protegen. Pero en conjunto, todos son la fuerza de la naturaleza en todo su esplendor.

El dios del bosque que ilustra Miyazaki es la evolución de la vida misma, una vida que tiene un principio y un final sin saber cuándo llegara ese final. Mientras que los dioses animales son representados como bestias extremadamente grandes como jabalíes, lobos o monos que cumplen su función dentro del bosque. Estos dioses son seres puros que únicamente siguen sus instintos. Pero en el momento en que entran en contacto con la ambición humana empiezan a enloquecer y destruyen lo que han querido proteger. Este proceso representa el deseo de poder y la corrupción ejercida sobre uno mismo y la falta de respeto hacia su entorno.

Fotograma de La princesa Mononoke. La corrupción del Dios Jabalí
La princesa Mononoke. La corrupción del Dios Jabalí.

En este grupo de personajes se destaca a San, una mujer humana criada por los dioses lobos que representa la parte más extremista del movimiento ecológico. La filosofía de este movimiento cita que los humanos son la enfermedad del planeta y deberían desaparecer. Del mismo modo, San se ve envuelta en una guerra contra los humanos para salvar el bosque sin entender que esa no es la respuesta. Al final, comprende que al igual que ella es humana y ha alcanzado el equilibrio con la naturaleza, el ser humano no debe desaparecer, sino alcanzar ese mismo equilibrio.

La ciudad de Hierro y los samurai

La Ciudad del Hierro está en medio de un lago que ha agotado sus recursos. La líder busca un nuevo modo de prosperar para que la ciudad y sus gentes sobrevivan en plena era de guerras. La solución es extraer el mineral de hierro de la tierra y para ello, como era de esperar, arrasan con la naturaleza. No solo cogen lo que necesitan de ella sino que también destruyen parte del bosque. Igualmente, saben que dependen de la naturaleza para obtener lo que buscan y aunque saben que abusan del planeta, lo hacen porque no les queda otra. La Ciudad del Hierro representa la parte intermedia del progreso.

El progreso de la Ciudad del Hierro. La princesa Mononoke de Miyazaki
La princesa Mononoke. El progreso de la Ciudad del Hierro

Por otro lado, en la parte extremista del progreso, vemos a los samurai y el emperador junto con su ejercito de monjes cazadores. Aunque son grupos disgregados sin relación alguna entre ellos representan una misma actitud: la de obtener lo que quieren a cualquier precio arrasando y matando todo a su paso si es necesario. En muchos momentos del largometraje se observa a los samurai atacar aldeas o amenazar a la Ciudad del Hierro solo para conseguir lo que quieren.

El mensaje ecológico de La princesa Mononoke

Todos estos elementos en conjunto transmiten el mensaje ecológico y el respeto hacia la tradición que defiende Miyazaki; el equilibro de la naturaleza para preservar el planeta, respetar la tradición y honrar el pasado. Pero a pesar de que el mensaje es claro, la película nos lanza una de sus últimas frases para terminar de impactarnos: “la suerte, como se dice, favorece a los tontos”. Además dicha por uno de los monjes cazadores que lo único que quiere es prosperar sin importar el daño que le haga a la madre tierra.

Hasta la fecha, se ha podido prosperar a costa de la naturaleza; se han destruido bosques, aniquilado especies y los ríos se han secado. El ser humano ha podido adaptarse y evolucionar a costa de los recursos naturales. Del mismo modo que el monje cazador destruye y luego se adapta, la humanidad a decidido permanecer ciega ante las consecuencias de la emisión de contaminantes y la destrucción del planeta.

Estemos ante hipócritas o ignorantes, adaptarnos equivale a no hacer nada, a mirar hacia otro lado mientras mantenemos nuestro confort sin ser conscientes del daño que hacemos a nuestra única casa. Debemos abrir los ojos y apostar por modos de vida sostenibles o alcanzar al menos el equilibro que propone Miyazaki en La princesa Mononoke. El planeta sigue enfermando con cada día que pasa, y hace años que comenzó a ser demasiado tarde.

Fotograma de La princesa Mononoke (1997) de Hayao Miyazaki. La corrupción del Dios Javalí Ecología y tradición
La princesa Mononoke. La corrupción del Dios Jabalí.

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