Durante el siguiente artículo exploraremos la conexión entre los movimientos literarios realista y naturalista y la novela negra contemporánea, evidenciando cómo los elementos y rasgos de estos movimientos han influido en la construcción de un género que ha evolucionado, pero sigue conectado con los principios que los definieron. También trataremos las últimas tendencias, como el noir digital.
- El naturalismo literario.
- Un poco de historia sobre la novela negra.
- El género novela negra adquiere sus perfiles únicos.
- La búsqueda de la realidad: las noticias.
- Siglo XXI: Aparecen la series y el fresco histórico.
- El noir digital.
- De la novela negra al noir como espejo contemporáneo: entre la realidad, la actualidad y lo digital.

El naturalismo literario
Si admitimos que el movimiento naturalista surge de la propia evolución del realismo, podemos estudiar las características de aquel sin por ello contradecir a este. Los rasgos definitorios del naturalismo literario son las siguientes:
- Personajes arquetípicos. Con frecuencia, los personajes representan una clase social o un tipo humano. Es habitual la presencia de la función narrativa personaje colectivo (la mina, la fábrica, un clan o linaje familiar…).
- Protagonista marginal. Los protagonistas no pertenecen a la burguesía o clase media, sino a las clases sociales más desfavorecidas, cuyas miserables condiciones de vida son descritas con escrupuloso detallismo, sin escamotear aspectos sórdidos o desagradables.
- Pesimismo. No existe redención posible para los personajes, vencidos por su propio temperamento y por el medio en que han nacido.
- Compromiso ideológico. La carga ideológica se acentúa: los autores denuncian una estructura social que condena al individuo desde la cuna.
- Léxico científico. Al estilo claro y sencillo propio de la novela realista hay que añadir el uso del léxico científico, fruto del influjo de las ciencias experimentales.
Si las cuatro primeras características entran plenamente dentro de los esquemas del noir, la última, aún siendo más más infrecuente, no se puede decir que nunca aparezca.
Si en la novela naturalista original se llega a considerar que el “medio social” es el protagonista -más que los personajes-, no existe novela negra sin un ambiente característico, sin un medio social que resulta cerrado y oscuro, sin una cosmovisión gnóstica. El mundo no puede ser obra de un ser perfecto, ni siquiera benigno, el mundo es obra de un demiurgo, una deidad inferior y malévola.
Este pathos será heredado por la novela negra, como veremos seguidamente.

Un poco de historia sobre la novela negra
Algunas de las primeras novelas policiales (si las admitimos como antecesoras del actual noir), como El doble asesinato en la calle Morgue (1841) de Edgar Allan Poe o La piedra lunar de Wilkie Collins (1868), contienen elementos improbables e incluso mantienen una cierta proximidad a las historias fantásticas.
Pero ya en el mismo siglo XIX, las historias trágicas y las noticias publicadas en los periódicos servían a menudo como material para la ficción criminal: pensamos, por ejemplo en Madame Bovary de Gustave Flaubert o en Thérèse Raquin de Émile Zola”. El realismo y el naturalismo están anclados, pues, en este imaginario proveniente de la delincuencia (sobre todo la urbana) y los crímenes atroces.
Y aunque hay ilustres precursores del género (¿no se podría adscribir al mismo una novela como Crimen y Castigo?) no es hasta la aparición estelar de la novela negra estadounidense, llamada novela “hardboiled” cuando entramos propiamente en el género. El término «dura-de-cocer» (en España diríamos más bien “duro de pelar”) se refiere al carácter del detective en estas historias de acción. De su predecesor y fundador del hardboiled, Dashiell Hammett, Raymond Chandler dice que «sacó el crimen de su jarrón veneciano y lo arrojó a la alcantarilla». Chandler, también escritor de novelas duras, expresa así la distinción que hace entre la novela de misterio de estilo inglés, burguesa y todavía a menudo a puerta cerrada, y la novela negra americana, más anclada en un contexto urbano y en un cierto realismo social.

El género novela negra adquiere sus perfiles únicos
La primera característica de la novela negra sería, pues, su carácter de género esencialmente urbano, que otorga a la ciudad un lugar preponderante en el enigma. Es cierto que antes, la novela policíaca se había apoderado de ella y la ciudad se convirtió en un elemento inseparable de parte de este género. Al revelar lo que intenta ocultar, la policía se interesa por estos lugares a los que nadie suele prestar atención, singularmente los bajos fondos de la ciudad, donde la ley no se respeta y donde los delincuentes emergen como héroes.
Corrupción, violencia e injusticia reúnen la segunda característica del género. El duro thriller estadounidense, que se hizo popular especialmente durante las oleadas de crímenes de los años 20 con el auge del gangsterismo y la Ley Seca, describe un «universo abandonado por la justicia y la verdad», un «mal orden social» y respalda una forma de “pesimismo metafísico”, como escribe Benoît Tadié en The American Thriller, Modernity and Evil. Los límites entre el Bien y el Mal han dejado de ser claros, el detective duro navega por un universo del inframundo e interactúa tanto con matones éticos como con policías corruptos o mujeres fatales engañosas. El tercer aspecto de la novela sería pues que el héroe que no quiere serlo, el detective desilusionado.

El cuarto aspecto engarza directamente con sus orígenes: el El lenguaje es directo, con diálogos cortantes y descripciones realistas. En suma, este universo negro se caracteriza por lo que Philippe Corcuff llama, en Thrillers, Philosophy and Social Criticism, una “disrupción de los marcos colectivos” dentro de los cuales las relaciones sociales conflictivas se combinan a menudo con tensiones raciales. Los personajes de las novelas negras también son presa del desencanto ante la inestabilidad social y política. Corcuff conecta este tono melancólico que encuentra en autores estadounidenses como James Lee Burke, David Goodis, Dashiell Hammett, Craig Holden, Dennis Lehane, Ross MacDonald y James Sallis. Para Corcuff, “el fatalismo social y la tragedia existencial están arraigados” en estas novelas negras estadounidenses y “las fragilidades existenciales se alimentan de las fragilidades sociales”. El noir se convierte en el lugar de expresión de una sensibilidad política radical con una preocupación por describir la vida cotidiana, diversidad de experiencias sociales, particularmente populares, el desempleo, la precariedad y la violencia y poner de relieve los males de la sociedad actual. Ya sea cercana al realismo del siglo XIX, a los frescos históricos o a las investigaciones periodísticas, la novela negra tiene una ambición de explorar la realidad, a menudo combinada con un marcado compromiso político.
La búsqueda de la realidad: las noticias
La influencia del realismo se nota, a lo largo del siglo XX en lo se pueden llamar “noticias literaturizadas”. Pensemos, en los autores de ficción que se apropian de las noticias para escribir de forma realista: la novela A sangre fría (1966) de Truman Capote es un ejemplo, una de las historias fundacionales del género policial “real”; en la frontera entre la investigación criminal y el documental. Capote reconstruye las circunstancias del asesinato de una familia de agricultores en un pequeño pueblo americano del Bible Belt. Incluso se entrevista con uno de los dos asesinos, Perry Smith.

La fascinación por la psicología criminal derivada de un crimen real se encuentra por ejemplo en la obra de Patricia Highsmith. Puede afirmarse que en todo el mundo occidental el periódico en papel o en digital fueron, por tanto, el principal soporte de la ficción criminal, y que los vínculos entre la ficción oscura y el periodismo nunca se han desvanecido. Ya en la década de 1940, muchos escritores policiales estadounidenses procedían del periodismo. Pensemos en William Riley Burnett, un observador de la jungla urbana en la época de la Ley Seca (La jungla de asfalto, 1949) y que comenzó asistiendo a la escuela de periodismo, o en James M. Cain, un pintor de clase media rural durante la Gran Depresión (El cartero siempre llama dos veces, 1934) y que escribió durante mucho tiempo para el Baltimore Sun.
En la época actual, muchos de sus autores siguen estando muy cercanos al periodismo y la investigación social. Podemos citar a Manuel Vázquez Montalbán y su detective Carvalho o en la novelas de otro periodista: Arturo Pérez Reverte.
Siglo XXI: Aparecen la series y el fresco histórico
La series de televisión fueron un regalo del cielo para los novelistas y los guionistas. Eran el eslabón entre el cine (limitado principalmente por la duración media de los filmes) y la novela (obligada a competir sobre todo en el caso de la novela negra, con la fuerza de la imagen) y aliaban la potencia visual con la ambición novelística. Los espectadores supieron verlo. En apenas dos décadas, las series invadieron las pantallas -desde Oz a Los Soprano, desde Dexter a La Casa de Papel, desde Breaking Bad a True Detective– ofreciendo un balance muy digno en cuanto a calidad. Probablemente la principal de ellas fuera The Wire (2002-2008), (Bajo Escucha, en España) aclamada por la crítica y calificada con frecuencia como la mejor serie de la historia. The Wire explora, a lo largo de cinco temporadas, los barrios populares de Baltimore y ofrece un fresco sociológico de estos espacios urbanos plagados por el narcotráfico. Si la estructura criminal está realmente presente, dado que seguimos a un equipo de investigadores sin embargo, es la precisión del fresco histórico y social de América de los años 2000 lo que la convierte en una de las series más premiadas y aclamadas por el público y la crítica.

Esta dimensión del fresco histórico es también la que estructura las novelas de James Ellroy. El perro retrata, por ejemplo, Los Ángeles de las décadas de 1940 y 1950 en su El Cuarteto de Los Angeles (1987-1992) y regresa a episodios significativos de la historia estadounidense en su trilogía Underworld USA (1995-2009), construida cronológicamente. La novela negra constituye así muy a menudo el lugar de investigación del pasado histórico. Se utiliza ampliamente, en España, Francia así como en Estados Unidos, para profundizar en las lagunas de la historia oficial y denunciar abusos y crímenes estatales. En Francia, por ejemplo, los escritores del Noir han cuestionado en los últimos años el período de la guerra de Argelia. En Dormirás cuando estés muerto (2018 , por ejemplo, François Muratet analiza los “acontecimientos en Argelia” desde dentro, desde el punto de vista de un joven oficial enviado al jebel. Por supuesto, hay otros: Les Harmoniques (2011) de Marcus Malte describe con precisión los crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia de los años 1990. En Estados Unidos, ciertos autores, como James Lee Burke en Into the Mist Electric with the Confederate Dead (1993), exhuma los cadáveres de la esclavitud y de la Guerra Civil. Los fantasmas de las guerras de Corea y Vietnam también resurgen en el pasado de ciertos personajes en la temporada 3 de la serie True Detective. La ficción oscura desempeña, por tanto, el papel de memoria de los traumas y de la arqueología de la historia colectiva.
El noir digital
Un fenómeno nuevo ha surgido en la oferta del noir y es aquel que existe exclusivamente en el ciberespacio, llevado por novelas que se leen como e-books y que son publicadas en Rakuten, Amazon y otros portales. Estas obras suelen presentar una distribución más flexible y accesible, permitiendo a los autores independientes experimentar con tramas innovadoras y estructuras narrativas poco convencionales.
Aquí podemos citar a Javier Quirce y su detective Juan Steinberg. Obras como El extraño caso de Hermann Klein cuando le encargan buscar a una persona desaparecida o La sombra sobre Shanghái se inscriben en esta corriente digital, combinando una narrativa contemporánea con tramas complejas y personajes marcados por el desencanto y el cinismo. La libertad creativa que ofrece la autopublicación ha permitido a autores como Quirce desarrollar un estilo propio que, sin perder las raíces del noir clásico, introduce elementos de modernidad y una visión más global del crimen y la corrupción. Este fenómeno es una muestra de cómo el género continúa evolucionando y adaptándose a los tiempos sin perder su esencia.
De la novela negra al noir como espejo contemporáneo: entre la realidad, la actualidad y lo digital
La novela negra, desde su irrupción en la prensa a mediados del siglo XIX, se ha basado en la actualidad y en las noticias relatadas en diarios y semanarios. Sin duda más que otros géneros literarios, como la ciencia ficción o la “fantasy” que solemos clasificar en “imaginarios”, el noir se acerca más a la vena realista e incluso en ocasiones a la naturalista. La opción de la edición digital supone la posibilidad de buscar nuevos caminos sin las restricciones que la comercialidad impone a la edición tradicional.
El noir sería, pues, el género de nuestro tiempo.
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Químico y escritor de thrillers con mensaje. Eterno viajero para explicarse el mundo. Devoto del naturalismo literario. Apegado a la realidad, aunque consciente de que esta tiene tendencia a salirse del estrecho marco de la razón


